22 de gener 2009

El Rito Francés: ese gran desconocido para algunos


Antes de proseguir con otros estudios sobre la situación masónica del XVIII, no he resistido la tentación de publicar esta reflexión efectuada en un excelente espacio de reciente creación: una Red social de la Fraternidad Masónica denominada Francmasones, impulsada por un Q.·. H.·. del GOdF, a quien aprovecho la ocasión para felicitar desde esta tribuna por tan loable iniciativa.
Resulta enriquecedor leer los distintos temas abiertos en su foro, y reconozco lo complejo que resulta intentar encontrar respuestas a las múltiples incógnitas que nuestra Orden nos plantea desde diversos planos, histórico, simbólicos, filosóficos, sociales...
Frecuentemente compruebo con cierta estupefacción lo desconocido que realmente llega a ser el Rito Francés para algunos.
Obviamos u olvidamos que nos encontramos ante uno de los Ritos más “antiguos” al uso de los “modernos” y que siempre intentó huir de la vorágine ansiosa de la “titulitis” de moda en el último cuarto del XVIII.
Desarrollar el “fons et origo” de nuestra herencia masónica ritual en cuatro líneas, es casi misión imposible en un contexto de vasos comunicantes y en un marco donde se mezclan historia, fantasía, realidad, ficción, leyendas, fábulas y sentimientos. Cribar todo esto objetivamente, tirar de los hilos, y beber de las fuentes, ha sido el cometido de muchos HH.•. altamente cualificados gracias a quienes hoy tenemos algo más de luz que hace 100 años, por ejemplo.
A modo de reflexión, a día de hoy entendemos mejor el por qué en su momento se hizo imperiosa la necesidad de regular el caos ritualístico existente provocado por la aparición de supuestos misterios superiores que (tal vez) pretendían más mantener una preponderancia hegemónica en determinados grupos que aportar de facto una auténtica y nueva experiencia “iniciática”.
Retomando la simplicidad estructural (que no simbólica) de la Masonería especulativa (y creo modestamente que ese adjetivo es válido también para la operativa), sabiamente los hermanos del Gran Oriente de Francia crearon en su momento una “ordenación” de formas procedimentales existentes planteadas como procesos paralelos de desarrollo al Tercer Grado, o vías de trabajo una vez alcanzado el Magisterio. Y digo paralelos con pleno sentido –que no superiores-.
Puede que la clave haya que buscarla –una vez más- en el propio sentido de este grado Sublime tal y como fue planteado en su momento en su interpretación francesa, en el que la antigua Palabra de Maestro fue sustituida, pero conocida, resultando la llave del grado la experiencia “mística” (o psíquica, de conciencia, mental, o llámese como se quiera), completando así la progresión totalmente sin necesidad, por tanto, de grados ulteriores, ya que todo queda dicho.
Alguien podrá argumentar el tema de la “Regla de Tres”, la divergencia con los “Antiguos” (más modernos), aunque siempre podríamos recurrir a cotejar las esencias inglesa, escocesa, irlandesa y francesa en las fuentes bibliográficas, minutas de Logias y rituales de las que hoy disponemos, sorprendiéndonos de sus muy “grandes” parecidos o puntos de conexión (como no puede ser de otro modo).
Otro paso adelante y decidido que se dio desde la plataforma creada a través de este Rito, fue la "natural" y progresiva aceptación de la iniciación y reconocimiento femenino en nuestra Orden.
A día de hoy, aún enquistados en posturas sorprendentes si vienen de librepensadores, se enzarzan algunos en la defensa del tema iniciático-masculino del ritual. Que si solar, activo, fálico... ¿pero donde está la “bondad” del esclarecimiento y reordenación “iniciática”? ¿quién mesura la calidad de la vivenciación personal e individual?¿Como ver su efecto iniciático puro o impuro?¿Es efectivo el procedimiento en las féminas?
Tan solo plantearme estas preguntas en el siglo XXI me generan cierto escalofrío y pudor.
Franz
M.·. M.·.