04 de juny 2009

Sobre la interacción de las bases

Como paréntesis a algunos trabajos de estudio que tengo entre manos con la intención de finalizar en breve, quiero dedicar este post a una sentida reflexión en voz alta que más pudiera definirse como un deseo.

Meses atrás refería en este mismo espacio una percepción de positivo cambio en la forma de interacción entre los miembros de nuestra Orden. Una agradable sensación de que se estaba llevando a la práctica aspectos fundamentales para nuestra Magna Institución, que tomaban cuerpo dejando de ser puros ejercicios retóricos o malas paráfrasis de temas genuinos. Esa percepción de la Universalidad masónica es palpable en no pocos medios de expresión, que hoy día acercan pueblos y continentes a la velocidad de la luz, intercambiando virtualmente información, formación, experiencias, anhelos y, por qué no, alguna que otra desilusión. Estos flujos internáuticos, como toda energía, pueden ser de magnífico efecto constructivo canalizados adecuadamente, y si detrás de ellos existen voluntades de acercamiento y para crear puentes (como algunos gustan denominar). Por el contrario, algunas frustraciones personales emplean su poder para arremeter cobardemente desde el anonimato a los que con la mejor de las voluntades “se mojan” poniendo nombre, e incluso cara, a opiniones que, aunque puedan ser discutidas, esperan un día hacer realidad esa Universalidad a la que arriba hacía referencia.
Estos últimos están perdiendo la batalla (dialéctica, claro está). No pueden impedir que el verdadero librepensamiento se asocie entre sí para crear una red de opinión cada vez más sólida capaz de materializar aquello que desde la simple individualidad sería solo posible como un plano o diseño ideal. Y es que los primeros tienen la razón. No se trata de una razón abstracta. La da la pura coherencia de ser fieles a los propios compromisos expresados en nuestras Recepciones y que, por amnesia, temor o ambición, algunos han dejado en la nevera. Cuan molesto resulta para ellos ciertos hermanos lúcidos, decididos (valientes, diría sin equívoco) que desde sus diversas lanzaderas de opinión despiertan en nuestras consciencias replanteamientos de qué y cómo estamos haciendo las cosas.

Nuestro trabajo personal evolutivo nos auto-exige una responsabilidad colectiva (aludiendo a la simbólica de la “colmena” que un muy Querido Hermano en ocasiones me ha referido) que nos lleva de forma natural a tomar parte activa en la configuración de las nuevas estructuras y vivencias de interacción masónica. A efectos prácticos me siento muy dichoso tanto por las experiencias vitales apreciadas, como por la iniciativa de algunas estructuras tendentes a reunir lo disperso, y no a estigmatizar a aquel que no sigue el pensamiento único. Es en la línea de trabajo (que tomo del mismo Querido Hermano referido) propuesta desde las bases, donde puede construirse otro tipo de diseño de colaboración, enriquecimiento y crecimiento mutuo, sin que `por ello las superestructuras deban sentirse amenazadas. Si así es, es que con frecuencia el ideal de servicio a las mismas con cuyo fin fueron creadas, ha mutado o, sencillamente, sus coordinadores no dirigen con acierto la interpretación de la obra que les ha sido encomendada.

Aún quedo atónito como mentes aparentemente brillantes, acatan una sumisión, aceptada libremente, a sabiendas de lo desafinado del tema. Cómo pudiendo crear excelentes orquestas sinfónicas, algunos se obstinan en no ir más allá del litófono.
Pero de regreso al origen de mis pensamientos, hoy no tiene sentido pretender hacer callar al que en mayor o menor medida pueda alumbrar un sendero conjunto más participativo, más armónico y más universal. Hoy no puede quedar impune ante las conciencias de los demás ni ante la vista de todos, aquellos que pretendan descabezar a quienes preconizan, razonan, argumentan y practican la triple divisa de la Orden.

Es por todo ello, a la vista de la auténtica praxis de muchos hermanos y hermanas, de su capacidad de construir, organizar, relacionarse, dar, enseñar con humildad, compartir y creer en la solidez de sus principios; en vista de la puesta en práctica de muchas de sus propuestas y de los magníficos resultados revertidos en cariño y conocimiento, sigo convencido de que ese cambio se está produciendo. Imparable pese a quien le pese: sólo desde la ceguera de la vanidad puede anatemizarse al que construya para el bien común.