11 de setembre 2009

Sobre los Órdenes y Altos Grados (II)


Los mencionados Altos Grados que detentaban los masones denominados “Escoceses” tenían (y tienen incluso hoy para algunos) por especificidad vincularse los orígenes caballerescos de la francmasonería directamente salida de las Cruzadas y de la Caballería del Temple. Este fenómeno franco-alemán viene tras la afirmación del Caballero Ramsay en 1736 en el célebre discurso que pronunció en la Logia “Le Louis d’Argent”: tras la disolución de la Orden del Temple por Clemente V y Felipe “le Bel” en 1312, algunos Templarios habrían hallado refugio en Escocia, en Hérédom, de ahí el origen del término “Escocés” en los Ritos Masónicos y de Escocismo, al movimiento de estos altos grados.
Este discurso de Ramsay inspirado en la masonería burguesa por su deseo envidioso de apropiarse de atributos nobiliarios ardientemente ansiados, no puede avalar la reivindicación de un origen histórico, que jamás ha existido, ni por consiguiente el de una herencia cultural legítima al respecto, sino tan solo una simple referencia que se nos aparece en 1710 sobre las relaciones con “patrones” (comanditarios o protectores) que unían antaño a los masones operativos con la nobleza. Este hecho que aparece en el Dumfries nº 4, en el mismo contexto y en la misma época en el que lo hace el tema templario en referencia al Templo de Salomón, y que Anderson se empeña en querer integrar como elemento histórico ajeno al oficio, desemboca en la tesis ramsayana que transforma de manera totalmente irreconocible la forma en la que el Dumfries nº 4 contemplaba en 1710 la relación de la masonería con los temas caballerescos y templarios.
Fueron desarrollándose numerosísimos grados que iban más allá del de Maestro, siendo los más conocidos los Rosa-Cruz, Maestro Elegido de los nueve (Elegido de Pérignan), Gran Elegido, Caballero de Oriente y de Occidente, Caballero Kadosch, Caballero Bienechor de la Ciudad santa....
Se crearon muchas Órdenes para administrarlas, oponiéndose en ocasiones unas a otras (el Consejo de Emperadores de Oriente y de Occidente se opuso durante mucho tiempo al Grado de Caballero Kadosch, declarándolo como “falso, fanático y detestable”).
Los masones Escoceses se presentaban en las logias azules revestidos de las decoraciones de sus más altos grados. Con estos títulos reclamaban y reivindicaban honores y privilegios particulares. Estas reivindicaciones acarrearon un rechazo al escocismo que no veían en virtud de qué los masones Escoceses deberían poder recibir estos honores y privilegios.
Este rechazo al Escocismo fue una de las numerosas causas que dieron origen al Gran Oriente de Francia por los partidarios franceses del Rito Moderno. Todo ello llevó desde 1773 a la estructuración del Rito Francés Moderno en 1783 y a la organización del Gran Capítulo General de 1784 cuya finalidad arriba citamos y su integración en el seno del Gran Oriente como tal en 1786.
Hubo que esperar a 1801 para que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado fuera definitivamente estructurado en 33 grados, tomando como base las Grandes Constituciones de 1786 firmadas por Federico II de Prusia, documento del que nadie ha podido probar ni demostrar a día de hoy su autenticidad y del cual existen varias versiones.
Podemos suponer que la abundancia de los ritos y grados escoceses que coexistían en esta época en el conjunto de los altos grados motivó ciertamente la divisa del REAA: “Ordo Ab Chao”. Así de simple.
La primera Logia azul denominada del “Rito Escocés Antiguo y Aceptado” fue creada en Francia en 1821 por su Supremo Consejo, siguiendo la estela de las creadas por el Supremo Consejo de las islas francesas de América, lo cual nos plantea la cuestión de qué tipo de material ritual practicaban antes de dicha fecha las logias azules pertenecientes a la jurisdicción del Supremo Consejo de Francia.
Entre 1805, fecha de la fusión de la Gran Logia General Escocesa de Francia (creada por Grasse-Tilly para federar las diferentes logias escocesas de Francia, y que duró unos pocos meses) fundada por el Supremo Consejo de Francia con el Gran Oriente de Francia, y 1821, fecha de la creación de la Gran Logia Central, los talleres azules en los cuales reclutaba el Supremo Consejo de Francia pertenecían en su gran mayoría al Gran Oriente de Francia, el cual practicaba desde 1783-1786 un rito de su concepción salido de la Masonería denominada de los “Modernos”: el Rito Francés.
Aquellas logias Escocesas que tenían la voluntad fijada de practicar una masonería próxima a la de los “Antiens” utilizaban diversos rituales que no estaban estandarizados. Una primera tentativa fue hecha en 1805 por el Supremo Consejo de Francia en 1805 con la creación de la Gran Logia general Escocesa de Francia, un ritual manuscrito muy inspirado en los “Trois Coups Distincts, pero hubo que esperar aún algunos años para que esas tentativas escocesas de armonización de rituales fueran emprendidas, probablemente imprimidas durante la Restauración entre 1814 y 1830, circa 1821 con su “Guide des Maçons Écossais” en lo que concierne a los tres primeros grados.
¿Pero qué sabor de boca había quedado de todo este complejo proceso en las bases?, ¿que impresión se proyectaba de todas estas proliferaciones iniciáticas, escisiones estructurales, evoluciones con legitimidad dudosa o contestable, incorporaciones múltiples de grados e influencias de los distintos sistemas? ¿Era ese el propósito original de la Orden? ¿Radicaba ahí su esencia? ¿Existían esos secretos reservados a una élite selecta? ¿Eran los mismos? ¿Era preciso?
Para hacernos una idea, realizaremos seguidamente dos pequeñas inmersiones, cual test, en el “Manuel du Franc-maçon” de 1817, obra de Étienne François Bazot, secretario general de la Société Royale des Sciences, y en el Primer Tomo del ”Précis Historique” de 1829, de Jean Claude Bésuchet de Saunois.
Seguro que no nos dejarán indiferentes

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE