11 de setembre 2010

Consideraciones sobre cuadros de Logia de Tercer Grado (II)

Antes de proceder a un análisis muy acertado bajo mi punto de vista de Patrick Négrier sobre un cuadro de Logia de Tercer Grado publicado por Gabriel-Louis Pérau en l’Ordre des francs-maçons trahi (1745), y considerando que históricamente Hiram surgió como una figura alegórica de Jesús de Nazareth, proceso obvio dado el contexto calvinista y por tanto cristiano en la génesis ritual de la moderna Francmasonería, pero por otra parte tendente a aglutinar ecuménicamente variadas sensibilidades religiosas incluida el ateísmo, capaces de generar una válida atracción y convivencia tras nefastos episodios de enfrentamientos religiosos y que empujaba a la búsqueda y construcción de un lenguaje óptimo consensuado cuyo mensaje final fuera ética y moralmente aceptado y compartido por todos) a la que se incorporó toda una simbólica paralela con una amplia lectura (véase el papel de la acacia como substitución a la teofanía bíblica de la zarza ardiente y que perfectamente encajaba en otras lecturas simbólicas pertenecientes a diversas culturas donde las plantas han ofrecido muchas y variadas interpretaciones al uso y al gusto), propondremos previamente una lectura de otros muy utilizados cuadros de logia tal vez más orientada en una supuesta tradición alquímica y referida a antiguos misterios que si bien no comparto en lo personal, creo que supone un buen ejercicio simbólico en cuanto al análisis y descomposición del mensaje inherente del contenido que aparece en estos cuadros de Logia y cuyos elementos merece la pena conocer y valorar.

La Transmisión

Todos nosotros en nuestro interior llevamos a un maestro que debe despertarse, es el núcleo divino, para algunos, de todo ser humano. Está tumbado en una tumba, como Osiris. De ahí el sentido de la expresión platónica (sôma sêma), «el cuerpo es una tumba» para el dios sepultado en la carne, que la masonería llamó a Hiram. Sin embargo, los misterios masónicos de tercer grado van más allá de este primer misterio para centrarse sobre el objetivo final de toda realización hermética.
Es aquí donde la masonería revela según algunos toda su herencia alquímica ya que el tercer grado nos muestra que el fin esencial de toda sociedad iniciática es la transmisión: el maestro debe morir para resucitar en un discípulo, cosa indispensable para que una orden iniciática permanezca viva.
En efecto, si nadie no recibe el don tangible que salva de la muerte, la cadena iniciática se interrumpe, y los maestros, no teniendo más hijos, se retiran de este mundo. Entonces, sólo se quedan los símbolos, las abstracciones filosóficas o esotéricas, un ideal social y una moral. Nada de todo esto permite a Dios (lo divino, lo bueno, bello y justo, al ideal de perfección, o cualquiera de sus múltiples acepciones y/o concepciones arquetípicas o modélicas) encarnarse en este mundo, ni a nadie para ser salvado. De ahí la importancia de la transmisión efectiva.
El hermetista contemporáneo Emmanuel d' Hooghvorst se inclinó este tema capital, a propósito de un pasaje del Zohar:

¿Y de donde sabemos que Jacob no murió? Del versículo: «Porque estoy contigo» (Jeremias I, 8)... es decir que su Señor vino para asociarse con él en su generación de abajo... Y «Jacob volverá…». Rabí Isaac dijo: Los compañeros le mantuvieron de pie... Según que su descendencia está viva, él también, está vivo.

E. de Hooghvorst nos da misterio de la transmisión masónica, la llave de comprensión ya sea hebraica o masónica:

« Los compañeros…., en arameo haberaya; esta palabra puede ser empleada para designar a los miembros de una hermandad o de un orden de compañeros del maestro, que se transmiten su enseñanza y su vida. Pensaremos muy naturalmente en ciertos rituales de muerte y de resurrección al fin de los cuales el maestro se considera que resucita en su discípulo. Está escrito así: «Los compañeros lo mantuvieron de pie, es decir viviendo, en este mundo».

Parece evidente que la cábala hebraica y la buena alquimia hablan el mismo lenguaje que los rituales masónicos, y en el caso presente, ellos nos señalan el secreto de la transmisión dándonos a entender el sentido profundo del ritual de tercer grado. La puesta en escena del ritual quiere que el candidato a la iniciación se halle en estado de descubrir que el maestro se consagra a aquel que será su hijo, transmitiéndole así el don de la vida eterna, con el fin de resucitar en él.
Es por eso que E. d' Hooghvorst escribe: «los compañeros del maestro, que se transmiten su enseñanza y su vida… Según el Zohar, «los compañeros lo mantuvieron de pie». De pie, ya que por los cinco puntos de la perfección, el maestro resucita en uno de ellos. Aquí se acaba el trabajo del maestro - la transmisión o la multiplicación alquímica - y comienza la de su hijo creado no de carne sino de espíritu. Este hijo debe mantener al padre vivo «en este mundo», con el fin de que la orden no zozobre en la muerte de la letra o de los ritos. Tal es el sentido de la exaltación en el grado de maestro.
Estas palabras del Zohar, comentadas por la pluma de Emmanuel d' Hooghvorst, dan la llave de la comprensión de la naturaleza de la masonería así como de su función en este mundo, tanto para los tiempos pasados como para los tiempos presentes, según algunos.

Debo confesar que a día de hoy mi discrepancia con lo aquí expuesto es absoluta, y que la razón, origen simbólico y ritual, así como el contenido y mensaje subyacente en este grado son otros diversos en su génesis y con una finalidad más cercana y próxima de descifrar.
Tal vez el ser humano, tan apasionado por lo oculto y mistérico, haya querido ver una realidad supra-humana en la transmisión, aunque ya de por sí, tiene suficiente legitimidad y peso específico el “simple” sacrifico y renuncia a lo pasional y subyugante, tras cuyo esfuerzo ejemplar, renace un nuevo hombre a imagen y semejanza de un modelo que, aunque tal vez mítico o ficticio, representa el ideal de aquello perfecto y nos acerca a la libertad. Esa es la grandeza en el regirse del Maestro y la enseñanza a transmitir al discipulado que, redescubriendo sus potencialidades, trabaja por su desarrollo en un mundo con valores compartidos y de respeto por la riqueza en la pluralidad liberándose del ego desmesurado, convirtiéndose en un ser social y solidario a medida que se perfecciona individualmente.


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE

5 comentaris:

Administrador ha dit...

Estimado Hermano; Será interesante enlazar esta exposición con los publicado en el Bolg Rito Francés sobre Hiram y la leyenda Fundadora (Dachez) y sería conveniente publicar el trabajo de Snoek sobre Hiram para tener una visión de conjunto
Y persiste en esa labor pedagógica
UN TAF
Victor Guerra

Joaquim Villalta ha dit...

Miraremos de hacer una recopilación para incorporar a los materiales del Círculo.
Gracias por la sugerencia, Querido Hermano.

Un TAF

Joaquim Villalta

Aurora ha dit...

En mi opinión, Patrick Négrier da interpretaciones demasiado centradas en el cristianismo sobre los símbolos masónicos, expondré mi visión:

1- Me parece demasiado contundente la afirmación de que Hiram surgió como una figura alegórica de Jesús de Nazareth, dado que en prácticamente todas las tradiciones iniciáticas está presente la inevitable muerte del iniciado para alcanzar la verdadera maestría, tradiciones de las que bebió el cristianismo, no es un símbolo exclusivamente cristiano sino universal.

2- También considero dudosa la acacia como sustitución a la teofanía bíblica de la zarza ardiente, una representación más del símbolo universal del árbol, presente en todas las tradiciones iniciáticas. ¿Por qué limitarse a la imagen bíblica? El simbolismo es mucho más rico. Ya Buda vivenció su muerte iniciática y su resurrección bajo un árbol, al igual que otros Maestros, pues el árbol representa el despertar de la consciencia.

3- Sobre su mención al objetivo final de toda realización hermética de que el maestro debe morir para resucitar en un discípulo diría que solo tras la muerte iniciática nace el verdadero maestro.
Así es en todas las tradiciones iniciáticas, en algunas muere el padre para que el hijo nazca, en otras se representa la muerte del maestro indicando a los iniciados el camino a seguir para alcanzar la Maestría.

El compañero vivencia la muerte iniciática de Hiram para para nacer como Maestro Masón.

Es el símbolo que representa la muerte iniciática y su consecuente resurrección, tras la cual se nace "con un cuerpo nuevo", pues la percepción de si mismo ha cambiado radicalmente. Ahora, el recién nacido Maestro se percibe interiormente con una profundidad desconocida, y a la par, la propia piel ha dejado de ser una barrera, pues el maestro se unifica con el entorno. Ahora es un verdadero maestro, no antes, aunque fuera considerado como tal.

Hiram es el ejemplo a seguir. El ritual que representa la muerte de Hiram se hace en la exaltación del compañero a Maestro, el compañero ha de vivenciar la muerte iniciática como lo hizo Hiram para ser un verdadero Maestro.

Una vez ha vivenciado en si mismo la muerte iniciática y su consiguiente resurrección, puede transmitir a otros el camino para que la vivencia del propio despertar se siga transmitiendo a las generaciones futuras.

El queridísimo Hermano Joaquim, muy probablemente esté en desacuerdo con mis opiniones, pero creo que el simbolismo masónico puede interpretarse desde muchas perspectivas y la profundamente esotérica es una de ellas, además muy válida. No restemos riqueza a un simbolismo iniciático y universal de profundísimo calado, que cada masón es libre de interpretar y adecuar a su propio camino de superación personal.

Un fuerte TAF
Aurora

Joaquim Villalta ha dit...

Querida Hermana Aurora:

Evidentemente como ya he expuesto, somos muy libres de interpretar el simbolismo como nos venga en gana, y de comprobar como, en efecto, existen tradiciones muy variadas en el globo con semejanzas directas o indirectas sobre determinados mensajes iniciáticos.
Lo que ocurre es que el origen de la francmasonería especulativa, y de la operativa británica que muta sus recepciones siguiendo los Antiguos Deberes por la forma del Mason Word, viene de donde viene, de esas primitivas agupaciones profesionales confesionales cristianas, y no de Buda. Eso no es subjetivo, sino que es un hecho demostrado y comprobado documentalmente gracias al trabajo de hermanos que, como Négrier han dedicado décadas al estudio, análisis e investigación venimos de donde venimos.
Q.•. Hna.•. si has leído bien mi secuencia de entregas, veo interesante esa multiforme lectura e interpretación viva que seguro nos enriquecerá a todos, aunque me niego as “engañar” a Aprendices y otros hermanos diciendo que venimos de las Pirámides de Egipto y de la Atlántida, por citar pintorescos ejemplos, rasgándonos fariseicamente las vestiduras cuando en cambio vemos la fuente y el origen del contenido que se transmitía con los artes de memoria calvinistas y sus derivados posteriores expuestos en los catecismos de preguntas y respuestas dado su carácter iconoclasta.
El problema, el grave problema, no es opinar distinto o tener puntos de vista plurales e incluso divergentes. Lo penoso (y no lo digo por ti) es que gran parte de miembros de la Orden vive de espaldas a los hallazgos masonológicos que no son pura interpretación subjetiva.
Comprenderás que en estas entradas se hace imposible transmitir, ya que nos referimos al hermano Négrier, todo el contenido de sus publicaciones, el cómo, porqué, para qué y de qué modo se llegan a determinadas conclusiones, contrastando con cientos de libros y documentos originales y estudios paralelamente.
La gente no lee y prefiere quedarse con lo más pintoresco o lo que ya le viene bien. El estudio serio y la investigación comporta un trabajo y mucho tiempo, y es por ello, que desde el respeto a quienes opinen distinto, hoy en día desde la humildad tengo forjada una opinión que no está basada en las nubes, sino fundamentada en años de búsqueda.
Comparto lo que otros me han ofrecido. Cada cual que tome lo que quiera.
Para empezar a ponerse al día, no estaría mal analizar esta parte de la obra referente de Négrier

L'Eclectisme maçonnique suivi de Herméneutique maçonnique et philosophie biblique, Groslay, Ivoire-clair 2003.
Temple de Salomon et diagrammes symboliques. Iconologie des tableaux de loge et du cabinet de réflexion, Groslay, Ivoire-clair 2004.
La Tulip. Histoire du rite du Mot de maçon de 1637 à 1730, Groslay, Ivoire-clair 2005
Le Rite des Anciens devoirs. Old charges 1390-1729, Groslay, Ivoire-clair 2006
Art royal et régularité dans la tradition de 1723-1730, Groslay, Ivoire-clair 2009.

Luego seguimos hablando, básicamente porque suelo repetir el mismo argumento decenas de veces al año, sobretodo entre Maestros, que no siempre tienen la percepción auditiva activa y se han instalado en cátedras que habría que revisar de vez en cuando, como los coches. Y claro, uno no puede ni quiere hacer el esfuerzo por otro implantado en la comodidad.

Recibe mi TAF más cariñoso y agradecimiento por tu participación.

Joaquim Villalta

Aurora ha dit...

Querido Hermano Joaquim,

Comparto tu punto de vista totalmente, pues lo veo acorde con mi modo de ver los orígenes del mito de Hiram.

La Biblia es un compendio de libros de la tradición judáica y cristiana, surgida en el Oriente Medio, un nudo de encuentro entre culturas muy variadas. En la antigüedad, cada civilización tenía estrechas relaciones comerciales y culturales con las demás. No deben sorprendernos los puntos comunes habidos en las distintas tradiciones iniciáticas.

El hecho es que en el Mito de Hiram no aparece una zarza ardiente, sino un árbol, la acacia.

El árbol ya aparece en los antiguos Vedas de la India como símbolo de la inmortalidad, del hombre renacido y liberado. Nos estamos remontando a unos 3.000 años antes de nuestra era, hace unos 5.000 años.
En Mesopotamia el árbol de la Vida es llamado "hom", y se sabe que este concepto se extendió a culturas tanto de oriente como de occidente.
El Buda es muy posterior, unos 500 años antes de nuestra era, pero mantiene el mismo símbolismo del árbol representando al hombre despierto. También aparece en otras tradiciones que sería demasiado extenso exponer, centrándonos en el cristianismo Jesucristo muere en una cruz de madera de árbol

¿Existe la tradición judaico-cristiana pura? Si la despojamos de todas sus conexiones con el resto de tradiciones iniciáticas que en su tiempo había, probablemente nos quedemos con casi nada.

La Masonería moderna viene de las primitivas agupaciones profesionales confesionales cristianas, como bien dices, pero el cristianismo no surgió de la nada y en mi opinión contiene muchos elementos iniciáticos comunes a distintas escuelas iniciáticas de la antigüedad. Por eso no debe sorprender la similitud del mito de Hiram con otras tradiciones iniciáticas. El mito de la muerte y renacimiento es común a todas ellas.

Acuerdo contigo en no engañar a nadie diciendo que venimos de la Atlántida, pero creo que teniendo raíces cristianas, en el simbolismo masónico hay elementos comunes a otras tradiciones. Todas tienen en común que el iniciado emprende un proceso de autoconocimiento y mejora de si mismo, camino que en Masonería cada cual realiza libremente diseñando su propio aprendizaje.

Muchas gracias por prestar tu espacio a opiniones tan diversas.

Un fortísimo TAF
Aurora