07 de març 2013

Sobre los cuatro elementos (1)


Cuando nos remitimos a determinados aspectos de la iniciación, sin duda pueden venirnos a la mente las siguientes preguntas
¿Pruebas o Purificaciones?
¿Alquimia o no alquimia?
Para reflexionar sobre las mismas he querido aproximar determinadas pesquisas y argumentos del Hermano D. D. que considero presenta un esquema y un seguimiento de esta temática de gran interés.

En las Logias escocesas del Siglo XVII la recepción de un nuevo Aprendiz comportaba diversas intimidaciones y humillaciones que revelaban más una novatada que cualquier tipo de “transmisión de una influencia espiritual” (ver David Stevenson “Los orígenes de la Francmasonería. El siglo escocés 1590-1710”), de lo cual aún queda algo en nuestra época actual.

En los inicios ingleses, si 1717 vio el nacimiento de la Gran Logia de Londres y Westminster, fue durante los años 1720-1730 cuando se crearon las características principales de una Orden tal y como persiste aún hoy en día: desdoblamiento del primer grado, aparición de la leyenda de Hiram, formación de logias en el Continente europeo.
En esta época, el candidato a la recepción (the making of a mason), ya que aún no se hablaba de iniciación, experimentaba unas pruebas desprovistas de todo carácter purificatorio: despojamiento de metales, desnudo parcial, privación de la vista.
Estas primeras ceremonias no hacían ninguna referencia a la Alquimia, Cábala o a ninguna Mística Rosacruciana.

En 1730, año de la aparición de la “Masonry Dissected” de S. Prichard, el recipiendario efectuaba una vuelta a la Logia (los ingleses no utilizan el término viaje). Este movimiento es, en efecto, el origen de los “viajes” franceses que perviven a día de hoy. Esta vuelta subsiste, inmutable, en las logias anglosajonas donde es el pretexto de la presentación del Candidato a los Vigilantes y después al Venerable.

Los inicios de la masonería francesa se caracterizaron por la coexistencia más o menos armoniosa de logias “jacobitas” (ingleses, escoceses e irlandeses exiliados partidarios de la derrocada familia de los Suarts) y los “anglicanos” (ingleses y franceses iniciados en Londres, y franceses iniciados en París por ingleses).

En 1737,  en la divulgación de Réné Hérault, teniente de la policía de París, este no tuvo inconveniente en descubrir los secretos de los masones gracias a una dama de dudosa virtud que los sonsacó a uno de sus amantes. Hérault los publicó bajo la forma de un panfleto “La Réception d’un Frey-Maçon”. En esta época no se decía Franc-Maçon, sino Frey-Maçon o Fri-Maçon, lo que indica bien el origen británico de la Orden en Francia. Tampoco se habla de iniciación, sino de recepción. El término iniciación hará su aparición, de forma muy tímida, en el vocabulario masónico francés en el último cuarto del Siglo XVIII.
El postulante, privado de la vista, despojado de sus metales y joyas, con su rodilla derecha desnuda, el pie izquierdo en pantufla, es introducido por su padrino. Se le hace dar tres vueltas y tras reafirmar su convicción pronuncia su compromiso, tras lo que se le reviste con su mandil y guantes para recibir, posteriormente, la explicación de los secretos de los dos grados, aprendiz y compañero (en esta época los dos primeros grados eran conferidos simultáneamente, tanto en Inglaterra como en Francia), con la comunicación de las palabras J y B. Más adelante Hériault describe el ritual de mesa con sus términos sacados de la vida militar y la aclamación “Vivat”.

El panfleto resume bien lo que la masonería francesa debe a Inglaterra: la preparación del candidato, la obligación y sus castigos, tan sanguinarios como fictícios, el uso ritual del compás, la vestimenta (mandil y guantes) así como las palabras J y B. Identifica también las principales innovaciones francesas, desconocidas aún hoy, con respecto a las logias británicas: tres viajes y no uno solo, el círculo de espadas, la entrega de guantes de mujer, la aclamación “Vivat” y los trabajos de mesa.
Lo que está claro además, es que no hay ni elementos ni purificaciones.

Los rituales auténticos de los siguientes años así lo demuestran. Buen ejemplo de ello serían por ejemplo los rituales del Marqués de Gages y su logia de Mons “La vraie et parfaite Harmonie” (1767) o el de Lyon de 1772.

Recordemos que para esa época los ritos como tal no existían. Su génesis fue el resultado de la aparición incontrolada de los Altos Grados denominados Escoceses, que podríamos situar entre 1745 y 1785. Su desarrollo comporta a grandes rasgos tres etapas:

-          Aparición espontánea, independiente, de grados inéditos de proveniencias diversas;
-          Su organización en serie jerarquizados;
-          El establecimiento de un poder regulador en la cúspide de dicha serie.

El escenario es simple. Una logia recibe a un extranjero que susurra que detenta los “verdaderos” secretos de una orden sublime. Los masones del lugar, atraídos por lo desconocido, se precipitan, y por algunos escudos se hacen recibir Gran Elegido, Caballero de Oriente, Príncipe Rosacruz. La desilusión es rápida, a la altura de sus ilusiones primeras. Ello no impide que nuestros seguidores soliciten muy pronto su admisión a otros misterios, más sublimes todavía y con títulos aún más sonoros: caballero Kadosh, del Vellón de Oro o del Sol, Emperador de oriente y de Occidente. Así nacerían unas series de Altos Grados, a los que se bautizó posteriormente con el nombre de rito, palabra tomada de la Iglesia (rito latino, ortodoxo, copto, maronita, …).
En su origen, estos ritos solamente designaban estas construcciones, a menudo heteróclitas, de grados “superiores” que pretendían completar la enseñanza de los grados simbólicos.
Pero tuvieron una consecuencia de gran tamaño: el contenido de los grados azules fue revisado para adaptarlo al mensaje de los Altos Grados, con el fin de “preparar” mejor al futuro candidato a las enseñanzas por venir.
Los ritos de purificación son contemporáneos a esta evolución. Una de las primeras menciones podemos encontrarla en un catecismo de un Alto Grado de 1749 denominado “Petit Ecossais Apprenti”:
“Pregunta: ¿sois Escocés?
Respuesta: Sí, lo soy. He sido purificado por el agua y por el fuego.”
De hecho los elementos y las purificaciones son inseparables del Escocismo, este movimiento de origen francés.
En el grado de “Maestro de Logia” (equivalente continental de la Instalación “esotérica” inglesa, que fue enseguida incorporado en la escala del REAA donde ocupa el 20º lugar), el recipiendiario es recibido entre el “hierro y el fuego”, porque es “purificado de la cabeza a los pies por el hierro y el fuego”.

Pero los elementos no son los únicos medios de purificación. En otros lugares, éstas se harán mediante perfumes, como en algunos Altos Grados de la masonería “egípcia” (1778-1784) de Giuseppe Balsamo, Cagliostro, apareciendo las purificaciones por incienso, mirra, benjuí o bálsamo del Perú, por ejemplo (grados de Compañero y Maestro del Interior).


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE