09 de març 2013

Sobre los cuatro elementos (y 2)


Pasemos a efectuar, a modo de ejemplo, un breve recorrido por algunos de los más significativos Ritos continentales de la época, donde se muestra que los ritos de purificación eran cosa corriente en los Altos Grados.

Rito Escocés Filosófico.
Este rito nació en el Midi francés, en Marsella y Avignon. Fue practicado en París por la logia “Saint Jean du Contrat Social”.
Encontramos la purificación por el agua después del primer viaje, la purificación por el fuego después del segundo y la de la sangría después del tercero.
Este rito Filosófico es un claro ejemplo dentro del inacabado debate sobre las “influencias exteriores”, estas hipotéticas escuelas esotéricas, cabalísticas y alquímicas que se habrían injertado sobre el cuerpo masónico.

Ya su título “filosófico”, que no es un derroche de modestia, parece más bien una de esas atracciones que pretenden proporcionar destellos sobre muchos aspectos.
Remarquemos simplemente que si los rituales “filosóficos” comportan dos elementos, y no cuatro, no hacen ninguna referencia, ni siquiera velada, a la Gran Obra. Sin embargo se puede ver en las purificaciones por el agua y el fuego un recuerdo del bautismo (agua) y de la purificación por el Espíritu Santo (fuego).

Rito Francés Moderno.
Debido a la preocupante proliferación anárquica de los Altos Grados, y con el deseo de poner un cierto orden, aparece el Gran Capítulo General de Francia, a tal efecto, creando una estructuración, que será reconocida por el Gran oriente de Francia en 1786, consistente en un sistema de Cuatro Órdenes (familias de grados, con un ritual representativo: Elegido, Escocés, Caballero de Oriente, Rosacruz) más un Quinto Orden (que contiene todos los grados físicos y metafísicos y todos los sistemas). Además, desde 1783 a 1786, la Cámara de Grados redactó para los Grados Simbólicos un ritual denominado “Régulateur du Maçon” (editado en 1801). Este modelo fue que se quiso imponer a todas las logias de la correspondencia. Este rito calificado a posteriori como “Francés” o “Moderno” no deja de ser una síntesis de los denominados Grados “Escoceses”, aunque pretenda desmarcarse de la denominación de otros ritos con dicho calificativo. Los grados azules, sin embargo, son incontestablemente de origen británico. En ellos las pruebas por el agua y por el fuego se presentan en el segundo y tercer viaje, testimonio claro de la influencia escocesa.
La descripción del Gabinete de Reflexión no contiene en absoluto la palabra VITRIOL. Sin embargo señala la presencia del vaso de agua, de sal y azufre, así como la representación de un gallo, un reloj de arena y otras máximas murales.
Si bien el concepto de purificación aparece referido al agua, nos muestra una aproximación novedosa al concepto de pruebas, aunque estas reminiscencias a los anteriormente citados bautismos son también evidentes.

Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
No tardando surgió un recién llegado, presentado como formidable, intrigante, muy seguro de sí mismo a pesar de sus inciertas raíces. A parte de sus 30 grados, posteriormente se propusieron tres nuevos grados azules, como pretendidamente detentor de la auténtica tradición de los Antiguos, y de hecho, inventados por necesidad para la causa.
La “Guide du Maçon Ecossais” (circa 1820) solamente menciona una purificación, la del fuego en el transcurso del tercer viaje, no comportando ninguna los dos primeros. Esto es una buena prueba de que no está en el REAA el origen de las cuatro purificaciones..
Los rectores del sistema comprendieron pronto que ahí había una laguna que debía subsanarse. La purificación por el agua reapareció en el segundo viaje.

El aire y la tierra
Hasta entonces (salvo el RER para la tierra) nuestros rituales no hablan ni de aire ni de tierra.
El uso de preparar al candidato en una cámara oscura está atestado desde los orígenes de la masonería francesa e inglesa. Subraya el paso de las tinieblas a la luz, tema central de la recepción masónica desde los primeros documentos ingleses (1720-1730).
El primer viaje no comportaba ninguna alusión al aire. El recipiendario es movido, sacudido, y se le explica que este primer viaje ruidoso representa el tumulto de las pasiones, los conflictos de los intereses.

El Siglo XIX vio en la estancia oscura y los peligros del primer viaje las pruebas purificadoras suplementarias, por la tierra y el aire. Clavel cita estas nuevas purificaciones desde 1843.

Remarquemos sin embargo que no hay necesidad alguna de la alquimia para justificar los cuatro elementos.
La división de la Materia en cuatro elementos constitutivos es una concepción tradicional de una rara banalidad. Este añadido se refiere explícitamente a las “antiguas iniciaciones egipcias” (ver Cauchois y Ragon), y por otra parte, el término iniciación en esta época es extensamente utilizado para designar la ceremonia de recepción.

El ritual oficial del GOF, revisado por Amiable en 1887, suprimió las pruebas, citándolas en un comentario donde pone de manifiesto que los masones continentales habían introducido particularidades ajenas a las tradiciones británicas iniciales. Es así como aparece la propuesta de simbolizar en los viajes la infancia, la juventud y la madurez.

Este rediseño de los rituales hirió ciertas susceptibilidades, como la de Oswald Wirth, autor de una trilogía que sigue siendo, cuestionablemente, un best seller de la literatura masónica. A Wirth le gustaba el ocultismo que florecía en este fin de siglo y dispuso a la masonería a una curiosa moda. Para Wirth, la reunión de los elementos asimila la iniciación masónica al proceso alquímico: la transformación de un profano en un iniciado recuerda e imita la trasformación de la materia en el Atanor.
Este nuevo barniz complació a algunos de sus contemporáneos, respondiendo a un gusto por el misterio y lo maravilloso, mucho más fácilmente que el simbolismo hermético, abstruso y formidable apenas comprendido en nuestros días. Esta obscuridad permite cualquier tipo de desarrollo sin riesgo a ser contradicho. Permite decirlo todo y cualquier cosa, así que lo contrario.

Después vino Guénon que vio en la alquimia un aspecto particular de un esoterismo más vasto. Hizo de la iniciación una convulsión ontológica por la acción de una influencia espiritual adjuntada a una organización iniciática tradicional. Un proceso que, se quiera o no, se relaciona con lo que denominamos magia.

Conclusiones
La historia nos muestra que las pruebas o purificaciones, ignoradas en el origen, aparecieron sobre 1750 solamente en los Altos grados, para después imponerse en los grados azules, únicamente en el continente.
La teoría de los elementos en una concepción común desde la Antigüedad. Platón la expone en el Timeo. Los primeros cristianos también la conocían. La estructura cuaternaria de la materia es común en casi todas las tradiciones.

A finales del XIX algunos cayeron en cuenta de que los elementos podían conectar con la alquimia. Esta nueva lectura se insirió con toda naturalidad en el sistema guénoniano, aprehensión global de la totalidad cósmica, se su organización y de su finalidad, lo cual nos conduce a una Tradición Primordial. Esto supone la realidad de una iniciación, en el sentido guénoniano del término en los constructores de la Antigüedad, y una continuidad (supuestamente de hecho y de intención) entre estos constructores y los francmasones de hoy. Algunos defensores de este punto de vista se escudan diciendo que la mejor prueba de la existencia de esta continuidad esotérica secreta es precisamente que ésta no haya dejado ningún rastro en la historia. Ninguna prueba es capaz de apuntalar estas afirmaciones y se trata, de hecho, de una fábula.

Recordemos que la francmasonería es una sociedad “convivencial” que vio el día en una época, el Siglo XVIII, y en un país, Inglaterra, que salía de años ensangrentados por la intolerancia asesina y las guerras fratricidas.
La lectura de los antiguos rituales revela el lento proceso por el cual los sucesivos depósitos fueron recubriendo el núcleo original. Lo que era en principio la acogida en una sociedad reservada se convirtió en una ceremonia compleja y presuntamente cargada de significado.


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE