15 de gener 2010

Bésuchet de Saunois: un espíritu libre

En algunos artículos hemos recurrido a obras cuya proximidad en la historia respecto a los temas analizados o tratados, aportan una frescura renovada y más vívida, filtrada de las posteriores deformaciones, contaminaciones, omisiones o manipulaciones que, simplemente el paso de los años, la dejadez o la directa manipulación intencionada del relato de la realidad, han hecho caer en el olvido, ocultos en bibliotecas y alejados a la transmisión popular que tan rápidamente crea mitos o derriba ídolos, reales o inventados.

Algunos de estos historiadores, si no de oficio, si de convicción y de vivencia, masones de espíritu crítico y reflexivo, no se limitan al simple relato descriptivo o a la narración cronológica de eventos más o menos difusos.
Hermanos que ejercieron de pleno derecho su condición de ciudadanos, libres en el uso de la razón, cuestionando todo aquello que fluía en una sociedad de cambio vigoroso con entusiasmo, pero analizando críticamente incluso aquello que tanto amaban, los principios de nuestra Orden, en su fondo y forma, sin temblar sus voces o plumas a ejercer el derecho de aproximarse a la verdad. Sólo así proviene el conocimiento y la libertad.

Tal vez estas aproximaciones históricas, expliquen el cómo y el por qué, desvelando misterios, otros investigadores con un procedimiento más “fino”, científico, pero independiente, han llegado a conclusiones y demostraciones irrefutables de qué es y no es genuino masónicamente hablando. No por ello ha menguado su fidelidad y entusiasmo por lo que representan como Hermanos. Al contrario: la verdad les ha liberado para discriminar de forma más productiva y eficiente aquello que se había presentado vedado y reservado para unos pocos elegidos o tocados, generando cuasi castas, y vulnerando la naturaleza igualitaria que en esencia ostentamos, huyendo de servilismos reverenciales, y potenciando el respeto entre los seres humanes, precisamente por su naturaleza de iguales y libres para llevar a cabo el desarrollo de sus potencialidades.

No quiero redundar en un análisis ya llevado a cabo otrora sobre la “bondad” de los altos grados en su uso racional, de intercambio constructivo y de profundización simbólico/filosófica magisterial, por no hablar además de proyección extra-personal sobre aspectos como la universalidad de valores y defensa de principios fundamentales de ámbito global y humano. Entraremos en otra ocasión al pormenor.
Pero atentaría a mis convicciones si no manifestara, ya no mis reservas en cuanto a la real necesidad masónica (iniciáticamente hablando) de estos Grados, así como de la atenta mirada que debe no hacernos perder de vista su posición colateral. Los empeñados en los sistemas interrelacionados/piramidales (no sin parte de razón en cuanto a los de creación de régimen de nuevo cuño, que no de naturaleza masónica “per se”) o vinculantes, ven tambalear su argumentación filial legítima a poco que se rasque en la superficie de los susodichos.

Es por ello que me parece, cuanto menos, más fiel a la verdad, y más acorde a lo expuesto, recordar que en el Rito Francés o Moderno, el ascenso en los diferentes Órdenes del Rito no confiere a sus portadores nuevos derechos, sino, al contrario, una mayor responsabilidad y deberes más estrictos. Hay que señalar que en algunas Estructuras de altos grados u Órdenes de Sabiduría veremos en otro ensayo fórmulas distintas o variantes a las dispuestas en 1784, así como mutaciones, subdivisiones, mecanismos de acceso varios, implantaciones de estructuras miméticas y, por qué no, prospecciones evolutivas, muchas de ellas nacidas muy cercanamente a su regulación histórica antes citada por el Gran Capítulo General de Francia. No debe extrañarnos pues que estas “diferentes visiones” nacidas de otros capítulos regularmente establecidos, crearan sus superestructuras al margen, de forma independiente acorde a sus usos y gustos propios relativos a su Oriente en particular, e hicieran legítimamente (a mi parecer) su particular “Regulación”, ya en el 1803, en Holanda, por citar un ejemplo, del mismo modo que lo hicieron de forma independiente los 7 Capítulos parisinos del 1784, tema éste que tiene mucha tela que cortar, y que nos desviaría del propósito de este artículo.

Para cerrar esta pincelada sobre los Órdenes del Rito Francés, y el por qué algunas obediencias practican solamente Cuatro Órdenes según lo regulado en 1784, baste recordar que el Quinto Orden no contiene ninguna enseñanza iniciática particular dado que no está vinculado a la línea de la familia de transmisión del Rito Moderno, que se concreta en el Cuarto Orden, quedando el Quinto como un conservatorio de Grados y de contenidos de diversos ritos y sistemas.

Retomando el hilo, ese modo de explicar la historia desde la reflexión y la opinión crítica, es del todo apreciable en la obra del veterano “de los combates masónicos”, Jean Claude Bésuchet de Saunois, médico cirujano militar, veterano y herido de guerra, escritor de populares tratados médicos traducidos al español, en especial; colaborador de la “Encyclopédie Moderne”, Presidente del Capítulo parisino “Sept Écossais”, uno de los fundadores y más tarde Gran Maestro del Consejo de los Caballeros Kadosch, Gran Oficial en el G.•. O.•. en 1823 y miembro del Gran Colegio de Ritos, así como Venerable de la Logia “des Arts et de l’Amitié”, fue también como no, miembro del cuadro de la efervescente “La renaissance par les émules d’Hiram”. Pocos fueron los asuntos o temas importantes masónicos en los que él no hubiera tomado parte en mayor o menor medida.

Su obra en dos tomos “Précis Historique de l’Ordre de la Franc-Maçonerie depuis son introduction en France jusqu’en 1829” es para degustar, ya no tanto por la cantidad y plenitud de contenidos (que los tiene) sino por esa valoración y visión de un francmasón de gran experiencia y bagaje, que vive de primera mano la todavía joven reordenación capitular y la proliferación, ascensión de unos ritos, y dilución y contradicciones de otros, permitiendo un panorama, cuasi radiografiado, de los anhelos, filias, fobias, pasiones, virtudes, vicios y evoluciones mil del género humano en una estructura tan viva, como es la Orden, y las increíbles pasiones que en su seno despertó el tema de la Alta Masonería.

Veamos como nos ilustra con sus reflexiones este Q.•. H.•., espíritu libre, en la mencionada obra en el apartado dedicado al año 1786:

El G.•. O.•. administraba tres grados simbólicos y Cuatro Órdenes, que componían los grados superiores (dégrés) o dieciocho grados (grades).
El Capítulo de Héredom de Kilwinning, como el consejo de Emperadores de Oriente y de Occidente, reconocía veinticinco.
El Rito Escocés Antiguo y Aceptado reconoce treinta y tres grados. Antes de todas estas creaciones de Altos Grados u Órdenes, de Altos Grados escoceses, la Masonería se componía, como hemos visto, de tres Grados. ¿Qué más precisaba una institución tan moral?
Aquí nos vemos obligados a añadir nuevas reflexiones a los apuntes que ya hemos presentado.
La Masonería es Universal, Cosmopolita, es y debe ser la misma para todos los pueblos que la profesen; las palabras, signos, toques, las decoraciones, y más que todo esto, los principios, deben ser idénticos; si desgraciadamente se impone la fantasía en los masones de un país, creando nuevos grados y nuevos ritos, estos grados y estos ritos deberían al menos quedarse en las localidades que les vieron nacer; por otro lado, otros pueblos teniendo también el derecho de crear cada uno de ellos ritos y grados diferentes, ¿en que se convertirán la Unidad y la Generalidad de la Orden si usas este derecho?
El católico rechazará la creación del protestante, del judío, del islámico, y ellos, por su parte, se opondrán a la admisión de todo lo que desnaturalizaría, molestaría o turbaría su creencia. Por otro lado, los usos, costumbres, las leyes, la política de un país, no serán convenientemente juzgadas por hombres que tienen usos, costumbres, leyes y política opuestas.
Inventores o manipuladores de ritos, haced pues, si podéis, de un cuáquero, un príncipe o un soberano, incluso un caballero; de un judío un Rosa-Cruz, de un mahometano un Kadosch templario.
De todos estos hombres, haréis en cambio buenos masones con los tres primeros grados simbólicos, ya que todos reconocerán un Dios, una providencia; todos aman la moral y la fraternidad; todos sienten la necesidad de socorrerse mutuamente, de esclarecerse, de instruirse.
Ahora examinemos las creaciones masónicas nuevas:
Compasivo con la debilidad vanidosa de una muchedumbre de masones, y para simplificar los veinticinco o treinta y tres grados escoceses, el Gran Oriente había rehecho estos grados y compuesto cuatro Órdenes: Elegido, Escocés, Caballero de Oriente, Rosa-Cruz.
En el primer grado se ve a un Elegido que venga la muerte del Maestro; en el segundo, es un Escocés contemplador de la divinidad, el tercero es un Caballero de Oriente que protege con la espada a sus hermanos; el cuarto ofrece un Rosa-Cruz, hombre cristiano o masón filósofo.
¿Qué representa la venganza, incuso conmemorativa con la cual nadie sueña?
¿Qué representa un escocés pleno de éxtasis?
¿Qué representa un hombre únicamente belicoso?
¿Qué representa un sectario piadoso, que es obligado a hacer, desnaturalizándolo, un masón filósofo?
¿Y qué significan moralmente o filosóficamente estas cuatro Órdenes? Vemos la Antigua Ley y la Nueva Ley, es decir, la ley judía y la ley cristiana, pero no la ley, la única ley razonable para todos los hombres, la ley filosófica.
Estas Cuarto Órdenes se reencuentran por otro lado por su espíritu, en los tres primeros Grados Simbólicos o Francmasonería Primitiva.
La venganza del Elegido está en el odio vigoroso que llevamos en los prejuicios, en el fanatismo, en la superstición, en el horror que nos inspira el homicidio de cualquiera cuando no es castigado por las leyes.
La contemplación del Escocés se reproduce en el humilde y profundo respeto que tenemos por el gran arquitecto del universo a quien está dedicado el templo moral o el corazón del hombre, y que se manifiesta desde el primer grado.
La nobleza de alma o el ardor belicoso del Caballero de Oriente se manifiesta en el socorro que damos a todos nuestros hermanos bajo el título de hijos de la viuda, y finalmente reencontramos la piedad cristiana o filosofía masónica en el culto universal rendido por todos los masones al soberano motor de todas las cosas, en la propagación de las luces, en la enseñanza y la práctica de la moral natural y de todas las virtudes.
Los cuatro altos grados franceses son por tanto una redundancia, considerado en las pretensiones que se le relacionan. Unos son, en la mayor parte, una repetición de los anteriores.
La masonería Escocesa ha aún enriquecido todo esto elevando sus grados a treinta y tres, y otra masonería que ha tenido sus discípulos, estaba dividida en noventa grados; afortunadamente el remedio ha venido del exceso del mal en sí mismo, y los masones más amigos de las distinciones y de los Altos Grados, han sentido la nada de este exceso de grandeza.


Bésuchet
prosigue sus reflexiones aumentando más, si cabe, la intensidad, el tempo, haciendo estremecer hasta la provocación a más de uno.
Sea como fuere no nos deja indiferentes y, cuanto menos, nos invita a una reflexión profunda y análisis de estas estructuras.

Desde 1829 los objetivos terminales de los Órdenes de Sabiduría han sido reconsiderados, evolucionados y reconducidos en muchas Potencias masónicas o Grandes Capítulos en harmonía con la evolución de las sociedades, como pienso que no puede ser de otro modo.
Sus fines y objetivos están matizados de forma más Universal y a la vez más libres de lastres aún patentes a principios del XIX. Su atinado trabajo debe amplificar los objetivos simbólicos en los ámbitos tanto individual como de corresponsabilidad relacional. Un proyecto de construcción interior que debe alumbrar hacia afuera. Más responsabilidad si cabe que algunos asumimos con entusiasmo, conscientes, no obstante, de nuestras aún numerosas fallas. Pero ahí estamos.

Masonería y sociedad van de la mano, no porque una imite a la otra, sino porque sus integrantes son fiel reflejo de esa parte del Cosmos que, como tal, está en constante movimiento, interaccionando constantemente.
Pretender mantener un anacronismo limitante, enquistado, oculto, de espaldas a la humanidad, nos llevaría ya no solamente al inmovilismo, sino a la retrogradación.

Es lícito, lógico, legítimo y necesario seguir en esa vía de avance: de respeto por la tradición y sus valores perennes, pero conscientes que solo desde la autoevaluación y replanteamiento de nuevos proyectos surgirá el progreso. Lo contrario, puede dejarnos fuera de juego, en un sin sentido entre la vanidad y la inutilidad. De la gloria al fracaso hay solamente un paso: la falta de determinación.


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE

2 comentaris:

  1. Querido y estimado Joaquim, los tres primeros párrafos me golpearon con fuerza y ya no pude dejar de leer el artículo.
    Tenés la demoledora capacidad de mantenerte siempre con los pies sobre la tierra y en la misma línea de coherencia que, con el tiempo no hace más que profundizarse, refinándose y puliéndose en forma inagotable tus ideas, siempre las mismas pero remozadas. Las palabras de Bésuchet bien podrían ser las tuyas, apuntadas a una masonería despojada, seria, parca, seca. Por favor, que no te causen risa mis expresiones, ya que me es imposible describir el reflejo que se proyecta desde una institución hacia afuera, cuando apenas uno capta menos que un simple destello de ella.
    Pareciera que la historia nos dice, una y otra vez, por intermedio de los Bésuchet, que lo más sencillo es lo más difícil de entender, que lo que debiera ser evidente permanece oculto, excepto para algunos empecinados buscadores.
    Un abrazo.

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  2. Apreciado Mauricio:

    Gracias por seguir mis trabajos y aportar tus reflexiones.

    Tu lectura es, en efecto, la que describes.
    Existe un gran contenido en lo simple. Tal vez de la dificultad en la práctica y aplicación de sus objetivos, nazca la necesidad en el ser humano de hacer florecer otras lineas de trabajo que retratan su eterna imperfección, pero a la vez, su enorme deseo de búsqueda.

    Un afectuoso saludo.

    Joaquim Villalta

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