Pasemos a efectuar, a modo
de ejemplo, un breve recorrido por algunos de los más significativos Ritos
continentales de la época, donde se muestra que los ritos de purificación eran
cosa corriente en los Altos Grados.
Rito Escocés Filosófico.
Este rito nació en el Midi
francés, en Marsella y Avignon. Fue practicado en París por la logia “Saint
Jean du Contrat Social”.
Encontramos la
purificación por el agua después del primer viaje, la purificación por el fuego
después del segundo y la de la sangría después del tercero.
Este rito Filosófico es un
claro ejemplo dentro del inacabado debate sobre las “influencias exteriores”,
estas hipotéticas escuelas esotéricas, cabalísticas y alquímicas que se habrían
injertado sobre el cuerpo masónico.
Ya su título “filosófico”,
que no es un derroche de modestia, parece más bien una de esas atracciones que
pretenden proporcionar destellos sobre muchos aspectos.
Remarquemos simplemente
que si los rituales “filosóficos” comportan dos elementos, y no cuatro, no
hacen ninguna referencia, ni siquiera velada, a la Gran Obra. Sin embargo se
puede ver en las purificaciones por el agua y el fuego un recuerdo del bautismo
(agua) y de la purificación por el Espíritu Santo (fuego).
Rito Francés Moderno.
Debido a la preocupante
proliferación anárquica de los Altos Grados, y con el deseo de poner un cierto
orden, aparece el Gran Capítulo General de Francia, a tal efecto, creando una
estructuración, que será reconocida por el Gran oriente de Francia en 1786,
consistente en un sistema de Cuatro Órdenes (familias de grados, con un ritual
representativo: Elegido, Escocés, Caballero de Oriente, Rosacruz) más un Quinto
Orden (que contiene todos los grados físicos y metafísicos y todos los
sistemas). Además, desde 1783 a 1786, la Cámara de Grados redactó para los
Grados Simbólicos un ritual denominado “Régulateur du Maçon” (editado en 1801).
Este modelo fue que se quiso imponer a todas las logias de la correspondencia.
Este rito calificado a posteriori como “Francés” o “Moderno” no deja de ser una
síntesis de los denominados Grados “Escoceses”, aunque pretenda desmarcarse de
la denominación de otros ritos con dicho calificativo. Los grados azules, sin
embargo, son incontestablemente de origen británico. En ellos las pruebas por
el agua y por el fuego se presentan en el segundo y tercer viaje, testimonio
claro de la influencia escocesa.
La descripción del
Gabinete de Reflexión no contiene en absoluto la palabra VITRIOL. Sin embargo
señala la presencia del vaso de agua, de sal y azufre, así como la
representación de un gallo, un reloj de arena y otras máximas murales.
Si bien el concepto de
purificación aparece referido al agua, nos muestra una aproximación novedosa al
concepto de pruebas, aunque estas reminiscencias a los anteriormente citados
bautismos son también evidentes.
Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
No tardando surgió un
recién llegado, presentado como formidable, intrigante, muy seguro de sí mismo
a pesar de sus inciertas raíces. A parte de sus 30 grados, posteriormente se
propusieron tres nuevos grados azules, como pretendidamente detentor de la
auténtica tradición de los Antiguos, y de hecho, inventados por necesidad para
la causa.
La “Guide du Maçon
Ecossais” (circa 1820) solamente menciona una purificación, la del fuego en el
transcurso del tercer viaje, no comportando ninguna los dos primeros. Esto es
una buena prueba de que no está en el REAA el origen de las cuatro
purificaciones..
Los rectores del sistema
comprendieron pronto que ahí había una laguna que debía subsanarse. La
purificación por el agua reapareció en el segundo viaje.
El aire y la tierra
Hasta entonces (salvo el
RER para la tierra) nuestros rituales no hablan ni de aire ni de tierra.
El uso de preparar al
candidato en una cámara oscura está atestado desde los orígenes de la masonería
francesa e inglesa. Subraya el paso de las tinieblas a la luz, tema central de
la recepción masónica desde los primeros documentos ingleses (1720-1730).
El primer viaje no
comportaba ninguna alusión al aire. El recipiendario es movido, sacudido, y se
le explica que este primer viaje ruidoso representa el tumulto de las pasiones,
los conflictos de los intereses.
El Siglo XIX vio en la
estancia oscura y los peligros del primer viaje las pruebas purificadoras
suplementarias, por la tierra y el aire. Clavel cita estas nuevas
purificaciones desde 1843.
Remarquemos sin embargo que
no hay necesidad alguna de la alquimia para justificar los cuatro elementos.
La división de la Materia
en cuatro elementos constitutivos es una concepción tradicional de una rara
banalidad. Este añadido se refiere explícitamente a las “antiguas iniciaciones
egipcias” (ver Cauchois y Ragon), y por otra parte, el término iniciación en
esta época es extensamente utilizado para designar la ceremonia de recepción.
El ritual oficial del GOF,
revisado por Amiable en 1887, suprimió las pruebas, citándolas en un comentario
donde pone de manifiesto que los masones continentales habían introducido
particularidades ajenas a las tradiciones británicas iniciales. Es así como
aparece la propuesta de simbolizar en los viajes la infancia, la juventud y la
madurez.
Este rediseño de los
rituales hirió ciertas susceptibilidades, como la de Oswald Wirth, autor de una
trilogía que sigue siendo, cuestionablemente, un best seller de la literatura
masónica. A Wirth le gustaba el ocultismo que florecía en este fin de siglo y
dispuso a la masonería a una curiosa moda. Para Wirth, la reunión de los
elementos asimila la iniciación masónica al proceso alquímico: la
transformación de un profano en un iniciado recuerda e imita la trasformación
de la materia en el Atanor.
Este nuevo barniz
complació a algunos de sus contemporáneos, respondiendo a un gusto por el
misterio y lo maravilloso, mucho más fácilmente que el simbolismo hermético,
abstruso y formidable apenas comprendido en nuestros días. Esta obscuridad
permite cualquier tipo de desarrollo sin riesgo a ser contradicho. Permite
decirlo todo y cualquier cosa, así que lo contrario.
Después vino Guénon que vio
en la alquimia un aspecto particular de un esoterismo más vasto. Hizo de la
iniciación una convulsión ontológica por la acción de una influencia espiritual
adjuntada a una organización iniciática tradicional. Un proceso que, se quiera
o no, se relaciona con lo que denominamos magia.
Conclusiones
La historia nos muestra
que las pruebas o purificaciones, ignoradas en el origen, aparecieron sobre
1750 solamente en los Altos grados, para después imponerse en los grados
azules, únicamente en el continente.
La teoría de los elementos
en una concepción común desde la Antigüedad. Platón la expone en el Timeo. Los
primeros cristianos también la conocían. La estructura cuaternaria de la
materia es común en casi todas las tradiciones.
A finales del XIX algunos
cayeron en cuenta de que los elementos podían conectar con la alquimia. Esta
nueva lectura se insirió con toda naturalidad en el sistema guénoniano, aprehensión
global de la totalidad cósmica, se su organización y de su finalidad, lo cual
nos conduce a una Tradición Primordial. Esto supone la realidad de una
iniciación, en el sentido guénoniano del término en los constructores de la
Antigüedad, y una continuidad (supuestamente de hecho y de intención) entre
estos constructores y los francmasones de hoy. Algunos defensores de este punto
de vista se escudan diciendo que la mejor prueba de la existencia de esta
continuidad esotérica secreta es precisamente que ésta no haya dejado ningún
rastro en la historia. Ninguna prueba es capaz de apuntalar estas afirmaciones
y se trata, de hecho, de una fábula.
Recordemos que la francmasonería
es una sociedad “convivencial” que vio el día en una época, el Siglo XVIII, y
en un país, Inglaterra, que salía de años ensangrentados por la intolerancia
asesina y las guerras fratricidas.
La lectura de los antiguos
rituales revela el lento proceso por el cual los sucesivos depósitos fueron
recubriendo el núcleo original. Lo que era en principio la acogida en una
sociedad reservada se convirtió en una ceremonia compleja y presuntamente cargada de
significado.
Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE