21 de juliol 2018

La Piedra Cúbica en Punta (y 2)

Lo más remarcable es el rectángulo con su diagonal, ya que corresponde a numerosas representaciones de obreros constructores de la Edad Media e indica simbólicamente lo que fue considerado durante largo tiempo como el principal “secreto de oficio” de los Maestros Masones. Después, este secreto fue, por supuesto, descubierto y revelado. Ya lo mostró el arquitecto Villard de Honnecourt puesto que se encuentran dos dibujos sobre este tema en la plancha 38 de su famoso Cuaderno (Fig. 5). 


Uno de estos dibujos tiene por comentario:
-          Por este medio se hace un claustro igual a su patio, es decir que la superficie del cuadrado central es igual a la superficie del corredor que lo rodea.
-          Por este medio se hace una piedra para que las dos mitades sean iguales, ya que como no se trata de partir una piedra en dos, por este procedimiento puede dividirse un cuadrado para obtener otro que sea igual a su mitad.
Indicándonos por estos dos dibujos esquemáticos como puede efectuarse todo esto con la ayuda de las Diagonales de un cuadrado.

Estas mismas recetas fueron retomadas dos siglos más tarde por un arquitecto alemán de nombre Roriczrer (o Poriczer) en una obra imprimida en Ratisbona en 1486 de título “El libro de la construcción exacta de los pináculos”. Roriczer explica como diseñar correctamente un pináculo partiendo del plano. Construye un primer cuadrado y luego dentro de éste, otro cuadrado siguiendo el método empleado por Villard de Honnecourt. Luego recoloca el segundo cuadrado así diseñado para que encaje en el sentido del primero, y así sucesivamente, eleva poco a poco su pináculo, siendo cada nivel igual a la mitad del precedente. Además nos comenta de la forma más ingenua del mundo que nos revela de este modo el “secreto de los masones”, ya que se trata en realidad de un método simple para efectuar la elevación desde un plano, secreto técnico de los Maestros Arquitectos durante largo tiempo guardado cuidadosamente.

Puesto que todo ello se obtiene simplemente a partir del conocimiento de las particularidades y propiedades de la Diagonal, ésta fue glorificada y tenida por un secreto iniciático tanto por los operativos como por los primeros especulativos que la importaron.
Aún hoy la encontramos en la Joya del Pasado Venerable Maestro bajo la forma del teorema de Pitágoras: “en un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa –aquí podríamos decir el cuadrado de la diagonal- es iguala la suma de los cuadrados de los dos otros lados”. Este mismo teorema se inscribe entre los dos personajes principales del frontispicio de la primera edición de las Constituciones Masónicas de 1723 para simbolizar, tal vez, “el gran secreto del Arte Real”. Fig. 6.


Puede leerse debajo el famoso “Eureka” de Arquímedes, lo que coloca a estas Constituciones bajo los auspicios de dos grandes matemáticos y filósofos de la antigüedad: Arquímedes, el ingeniero matemático, y Pitágoras, el filósofo de la armonía de los números: ¡no es posible hacerlo mejor!

La diagonal simbólica estaba por tanto a veces indicada sobre la cara superior de la Piedra Cúbica, partiendo la superficie en negro y blanco para hacerla más remarcable, como en el ejemplo antes expuesto.
Seguidamente, mal dibujada e incomprendida, se convirtió progresivamente en una Piedra Cúbica más o menos “en Punta”.

Antes de concluir prestemos atención nuevamente a la denominada “Piedra Diamante”:
-          Tomemos un cubo (o si se prefiere una piedra cúbica) y marquemos los centros de cada cara (en la intersección de las diagonales de cada cuadrado). Después unamos con una línea los seis puntos así determinados. En el interior del cubo obtenemos un octaedro teniendo la forma de dos pirámides opuestas, el cual parece tener la forma de un “diamante” en el corazón de una Piedra Cúbica. Fig. 7.
-          Tomando otra consideración al respecto del Hermano H. M., los Maestros Masones operativos practicaban un símbolo particularmente rico. Se trata del Punto Central, el centro, que ellos identificaban con el Centro del Universo, o sea, el Principio Divino, y del mismo modo el centro del Hombre, ese Centro que hay que encontrar con exactitud para que todo edificio esté equilibrado y en armonía. Respecto a esto, un dicho operativo a franqueado los siglos. De origen alemán dice así:
El punto que está en el círculo –que está en el cuadrado- y que está en el triángulo. Tú conoces este punto, entonces todo va bien. Si no lo conoces, entonces todo es vano. (de “Estudios sobre las marcas de los talladores de Piedra”. Franz Rziha – Guy Trédaniel. 1883/1993, pag. 56)
Así, según H. M., en aplicación operativa del famoso principio “lo que es arriba es abajo”, para atraer la atención sobre el centro de la Piedra Cúbica que nuestros ojos no pueden ver, evidentemente, basta poner arriba de esta Piedra la figura geométrica que una vez “invertida” lo mostrará. Ahí el pyramidion cuyo punto culminante una vez invertido indicará el centro del cubo.

Centro o “Diamante central”, llegamos al mismo resultado al parecer. Fig. 8.


Para concluir, insistamos sobre el hecho que es lógico que el Compañero que trabaja sobre la Piedra Cúbica en Punta, una vez llegado a Maestro, deberá continuar buscando el “Centro”, tarea para toda la vida.

Poco importa que la Piedra Cúbica en Punta sea el resultado de una “mala interpretación de su dibujo”. Ésta conserva todo su valor simbólico puesto que indica por su forma que el masón no es solamente un elemento para integrar en una Gran Obra, sino que debe también esforzarse en rectificar su piedra para intentar hacerse un “Diamante”.


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay

14 de juliol 2018

La Piedra Cúbica en Punta (1)

He querido abordar este tema siguiendo las esclarecidas aportaciones e indagaciones que sobre el mismo ha llevado a cabo el Hermano francés M. R. de forma muy rigurosa y que considero muy acertada bajo mi punto de vista.

Al abordar este símbolo referido a una de las Joyas Inmóviles de la Logia, lugar donde según el ritual los Compañeros “aguzan sus herramientas”, constatamos con cierta extrañeza que, si nos sumergimos en su estudio y analizamos diferentes obras especializadas, la mayor parte de los Ritos parecen ignorar la Piedra Cúbica en Punta, símbolo que solo aparece en el R.E.A.A. y el Rito Francés o Moderno, siendo inexistente también en los Ritos Anglo-sajones.

Este elemento simbólico, para nosotros capital, presenta enormes divergencias sobre su interpretación entre distintos especialistas masonólogos. Quiero remarcar, sin embargo, que es obvio que la visión y reflexión simbólica debe ser en todo momento personal, y cada masón procederá a imbuirse en sus propias introspecciones y vivencias individuales. Dejemos pues, por un momento, la particular lectura que pueda derivarse de la finalidad antes referida sobre el “aguzar las herramientas” para proponer la siguiente reflexión que podríamos titular como “el simbolismo de la Piedra Cúbica y de su Diagonal”.
Esta hipótesis puede verse apoyada sobre la lectura de un artículo del Hermano J. T., aparecido en el año 1991, en concreto en la publicación Nº 22 de la serie “Trabajos de la Logia Villard de Honnecourt” de la GLNF. En él se declara que “la Piedra Cúbica en Punta es un avatar de una mala interpretación de antiguos textos, ligada a malos dibujos durante largos años, y que se ha querido justificar a posteriori. Del mismo modo el hacha (frecuentemente asociada) habrías sido originalmente una escuadra que, mal dibujada, se transformó poco a poco".

Uno de estos “malos dibujos” puede apreciarse en la Fig. 1, una miniatura de la Edad Mdia donde puede verse a un masón con una “boucharde”, que era una especie de martillo dentado – simple o doble – y que, en efecto, podía parecerse a una hacha, haciendo en el dibujo el gesto de tallar una piedra particionada en negro y blanco según su diagonal superior.


La Fig. 2 bien podría darnos la explicación óptica de esta mala interpretación ulterior. De hecho, las fuentes del hermano J. T. (las cuales no cita) son unos artículos del hermano René Guilly publicados en la revista “Renaissance Traditionnelle” entre 1987 y 1992, reunidos en una obra editada por Éditions Dervy en 1995 titulada “Las piedras de la Francmasonería”, firmados con el seudónimo René Désaguliers.

Nuestras actuales Joyas Inmóviles de la Logia, la Piedra Bruta, la Piedra Cúbica en Punta y la Plancha de Trazar, correspondientes a nuestros tres primeros Grados, fueron una vez una Piedra bruta – suficientemente desbastada y con caras ya perpendiculares -, una Piedra Cúbica denominada “Piedra Diamante” y una escuadra.
La Piedra Bruta casi informe que encontramos ahora en las Logias no corresponde para nada con la piedra simbólica de los primeros Masones Especulativos, la cual estaba inspirada directamente de la de los Operativos. Hay que recordar que las piedras de un futuro edificio eran desbastadas al máximo en las canteras, es decir, esbozadas lo mejor posible a su forma definitiva, entre otras cosas para limitar el precio (al peso) del transporte que frecuentemente costaba más que el material en sí mismo. Es de mal comprender, pues, una piedra informe de destinación o función desconocida transportada hasta la logia. La antigua piedra bruta simbólica es una piedra “escuadrada”, o sea, una piedra son sus caras en escuadra entre ellas y que, así preparada, está a punto para la venta y transporte, pero no para ser colocada ya que las caras permanecen aún bastante brutas.
Esta piedra “escuadrada” del Aprendiz es fácilmente reconocible en la ilustración fechada en 1754 de la Fig. 3.


La Piedra “Diamante” es más difícil de encontrar. René Désaguliers afirma: “… por lo que se sabe, la palabra (en inglés) diamond aparece de 1723 a 1802 en cinco textos y ocho ejemplos". El documento más significativo se denomina “Institution of freemasons” fechado en 1725. A continuación de la pregunta del retejo “¿cuántas Joyas Preciosas hay en la Logia?”, la respuesta es seguida de su ilustración manuscrita, añadida sin duda para facilitar su memorización. Se trata del dibujo de un pequeño rectángulo,seguido de otro rectángulo marcado con su diagonal y aún seguido de una simple escuadra. La Fig. 4 nos muestra cómo estaban dibujadas simbólicamente las tres “Joyas Preciosas” de la masonería en este documento.



Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay


22 de juny 2018

Feliz Solsticio de Verano 2018

Después de traspasar esta simbólica puerta solsticial, hacemos un pequeño paréntesis estival en el hemisferio norte, para volver con ustedes, con fuerza y vigor renovados, el próximo mes de septiembre.

Reciban un afectuoso y cordial saludo.

Joaquim Villalta

31 de maig 2018

Sobre los conceptos “Escocés” y “Escocismo”

Cuando nos preguntamos por la verdadera naturaleza del término «Escocés», esta palabra puede tener múltiples sentidos y en ocasiones resulta difícil de aplicarle una precisa definición según los usos que se han hecho del mismo.
A finales del Siglo XVIII, con tantísima riqueza masónica, podríamos distinguir tres significados establecidos según su uso.
Primeramente, “Escocés” sería de entrada el nombre de uno de los más antiguos altos grados, que conoció además por causas diversas numerosas variantes con el paso de los años.
Estos grados Escoceses conservaron siempre una gran importancia en los altos grados.
Un segundo sentido, por extensión, llevaría a convertir en sinónimos de altos grados a los términos escocés y Escocismo, sea cual fuere el sistema de altos grados del que se tratara.
Finalmente, en los años 1760, apareció en Marsella un cuerpo masónico denominado “Madre Logia Escocesa”.
Esta denominación manifiesta la legitimidad pretendida por dicha madre logia para todos los grados, comprendidos también los altos grados. Practicaba un sistema en siete grados de los más clásicos: Aprendiz, Compañero, Maestro, Maestro Perfecto, Elegido, Escocés y Caballero de Oriente.

Según Roger Dachez, el término « Escocés » aparenta simplemente traducir que entre los primeros masones tanto en Francia como en Inglaterra, se mantuvo el recuerdo del importante papel desempeñado por Escocia en la maduración final del sistema especulativo masónico.
Las palabras escocés, escocismo, llegaron a significar todo lo que la Masonería designó como eminente, elegido, particularmente digno de respeto y honor, sin tener que ver con un origen propiamente relacionado con la propia Escocia».

Desde 1733 encontramos la huella de una logia Temple Bar, en Londres, habiendo conferido el grado de Maestro Escocés («Scots Master» o «Scotch Master»). Fue también conferido en una logia de Bath en 1735 y en la logia francesa» «St. George de l'Observance» no 49 de Covent Garden, en 1736.

Pierre Mollier nos recuerda la cita de Paul Valéry en la que nos indica: “Las palabras pierden su significado a medida que crecen en valor”. Esta observación se aplica muy particularmente a la palabra “escocés”. Este término atribuido en masonería, de múltiples significaciones, se encuentra siempre dentro de una aureola de prestigio y de misterio. Los francmasones han forjado incluso el neologismo “escocismo”, Igual de elusivo al tratar de obtener una definición precisa. Debemos recordar los significados sucesivos que la palabra pudo llegar a tener en las logias.

Cronológicamente, “escocés” supone en primer lugar el nombre de uno de los más antiguos altos grados. Es en París, el 11 de diciembre de 1743, que encontramos el primer testimonio de la existencia del término. La Grande Loge de France pone en guardia a los hermanos contra lo que parece como una novedad: «Teniendo en conocimiento que desde hace poco tiempo algunos hermanos se presentan bajo el título de maestro escocés y reivindican en algunas logias, derechos y privilegios…».
En 1744, en L'Ordre des francs maçons trahi, el “abbé Pérau” expresa: "No ignoro que está habiendo un vago ruido entre los francmasones, respecto a una cierta orden a la que llaman los Escoceses, superior a lo que se afirma, masones ordinarios y que tienen sus ceremonias y sus secretos aparte". Parece que hubo, desde el principio, varias escuelas concernientes a las ceremonias y secretos particulares de los escoceses. Así, en París, el grado misterioso del abbé Pérau, condenado en un primer tiempo por la gran Logia de Francia en 1743, es según toda probabilidad, el que nosotros conocemos bajo la denominación de Escocés de las 3 JJJ., también llamado Escocés de París o Escocés de Clermont.

En la Francia meridional, la masonería parece haber primitivamente practicado otro tipo de escocés denominado «de la Bóveda », muy pronto presentado como una  como una «Masonería de Perfección». Este «Escocés de Perfección» versión francesa del Royal Arch británico, retoma un tema clásico del esoterismo judeo-cristiano. Revela la existencia de una palabra perdida, el verdadero nombre de Dios, cuidadosamente conservada en una bóveda secreta oculta bajo el Templo de Salomón. Estos grados de Escocés conservarán siempre una gran importancia en la masonería de altos grados. Por extensión, a partir de mediados del siglo XVIII, los términos “escocés” o “escocismo” se convierten en sinónimos de altos grados.
Este significado es probablemente el más legítimo, en cualquier caso, el más lógico.
A principios del siglo XIX, cuando el Gran Chapitre General de Francia se enfrentará a la concurrencia de un nuevo rito titulado "escocés", reclamará alto y claro su "ecocismo" y su perfecta regularidad "escocesa".

En los años 1760, como ya hemos apuntado, aparece en Marsella un cuerpo masónico que se denomina “Madre Logia escocesa” apelando la legitimidad sobre todos los grados comprendidos los altos grados. Esta tiene una gran proyección en Provence, después más ampliamente en el Midi francés y finalmente en París. En esta Madre Logia, lo que terminará denominándose “Rito Escocés” profesado por esta y sus logias hijas se refiere ante todo a los altos grados. No obstante, por razones poco claras, los grados azules practicados por la madre logia presentaban algunas particularidades como la colocación de los grandes candelabros alrededor del cuadro de logia. Por deriva semántica, se vino hablando de grados simbólicos del Rito Escocés, es decir, del rito practicado por la madre Logia Escocesa, lo que habría sido unos años antes un sinsentido, de características fundamentalmente Modernas a nivel formal.

Al inicio del Siglo XIX la corriente animada por la Madre Logia Escocesa se fusiona con el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, versión francesa de la masonería de los Antiguos, aportada desde las Antillas y de los estados Unidos de América por los masones refugiados de Santo Domingo. Los usos “escoceses” y “Antiguos y Aceptados” fueron amalgamados para la masonería simbólica en la “Guía de los masones escoceses” entre 1804 y 1820 (fecha de su edición). Poco a poco, el término “escocismo” viene a designar el Rito escocés Antiguo y Aceptado en todos sus componentes, tanto en lo referente a la masonería simbólica como en la de los altos grados. Esta acepción de la palabra es no obstante puramente francesa, puesto que en la mayor parte de los países el Rito Escocés Antiguo y Aceptado (o también denominado simplemente Rito Antiguo y Aceptado como sucede en Inglaterra y Gales, por ejemplo) suele ser exclusivamente un sistema de altos grados.

Al final de esta revisión histórica, uno puede preguntarse si no sería apropiado reservar el término "escocismo" para la masonería de altos grados, cualquiera que sea el sistema en cuestión.

Queda la pregunta del origen de la palabra "escocés". ¿Por qué los masones de la primera masonería especulativa, en la década de 1730, bautizaron el rango terminal donde fueron revelados los secretos más elevados de la Orden, Maestro "Escocés"? Encontramos, un poco antes, rastros de maestros escoceses en algunas logias inglesas. Es probable que conocieran el papel esencial de la masonería operativa escocesa en la formación de la masonería moderna especulativa. Al comienzo de la Francmasonería especulativa, este calificativo honró el origen geográfico, muy real, de los misterios más profundos de la Orden. 

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay

Bibliografía base:

Pierre Mollier, “Naissance et essor du Rite Écossais Ancien Accepté en France :
1804-1826”
ÉDITIONS DERVY
2004

Pierre Mollier, Encyclopédie de la franc-maçonnerie”, Le Livre de Poche, 2008 “
article « Écossais »

R.Dachez, Histoire de la Franc-maçonnerie Française, p.61, PUF 2003.

Paul Naudon, Histoire générale de la franc-maçonnerie, Presses universitaires de France, 1981




24 de maig 2018

La práctica de la Masonería como método iniciático

En numerosas ocasiones hemos escuchado que la Masonería es una institución esencialmente filosófica, filantrópica y de perfeccionamiento que tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad, trabajando para la mejora material y moral, así como el perfeccionamiento intelectual de la humanidad.
Efectivamente así debe ser, deviniendo mediante el apropiado uso de sus herramientas y metodología una auténtica escuela de formación del ciudadano en mayúsculas.

Con el fin de asumir o aproximarnos cada vez más a esos objetivos, utópicos en ocasiones, pero no por ello necesarios de perseguir, tenemos la obligación para con nosotros mismos de desplegar nuestra pericia y deseo en la búsqueda de materiales de crecimiento en todos los planos, así como despertar y alimentar nuestras inquietudes de desarrollo de nuestros múltiples potencialidades en todos los campos. El buen trabajo dirigido en esta línea ha de proporcionarnos un merecido salario en primera instancia a nivel individual, y consecuentemente, una positiva incidencia en esa obra global de la cual somos materia y obreros a la vez: la humanidad.
En ese caminar de la búsqueda para encontrar, os he torturado con frecuencia con Planchas y reflexiones a veces cargadas de giros filosóficos complejos o abarrotados de datos historiográficos que, vuestra paciente, amable y fraternal actitud ha permitido que yo sienta, o presienta, haberme conducido a un mayor esclarecimiento, y espero, haya también incidido positivamente en el caminar de todos o algunos de vosotros.
Es ese enriquecedor quid pro quo carente de egoísmo, por plural y compartido, lo que me motiva día a día a seguir en la cantera y a intentar aplicar más cada día la práctica del amor con el mayor sentimiento de sincera gratitud.

No obstante, hoy quiero hacer un ejercicio de introspección. De filtrado diría yo, para tocar de pies en el suelo, y calibrar toda la potencia transmutadora, generadora y constructiva, que por simple, a veces subestimamos en una lectura ligera de nuestros rituales o sobre el valor que damos a la lectura de nuestros símbolos característicos, esos vehículos de por sí cargados de conocimiento y plataforma de despegue de nuestras meditaciones multiformes y multitemáticas.
He devorado felizmente libros y leído autores variadísimos de todos los campos sobre los que mi humana capacidad intelectual ha sido capaz de abordar, aunque no sé si de asimilar en su plenitud, habiendo de confesaros que en alguna que otra ocasión, he sufrido un empacho o colapso, que a pesar de ello, siempre, y digo siempre, son positivos si se revisan desde la distancia que da la maduración, y el paso del tiempo en un nuevo abordaje.
Uno de los filósofos y masonólogos que más profunda y brillantemente han abordado la ontología y hermenéutica masónicas, ha sido el Q.•. H.•. Patrick Négrier, personaje al que frecuentemente hago referencia por su colosal y descomunal obra, a día de hoy no superada en los campos de la génesis de la francmasonería moderna en concreto. Autor de difícil lectura a botepronto por la complejidad del desarrollo analítico de las temáticas que aborda, me sorprendió como hombre accesible, presto y dispuesto, siempre atento a responder cuestiones con una actitud fraterna y cercana. No debiera causarnos extrañeza: su praxis vital se halla acorde con la inherente fraternidad contenida en los principios de nuestra Augusta Institución, aunque también sabemos, que desgraciadamente, esa prédica y práctica masónicas se nos aparecen en desfase, e incluso en contradicción en más ocasiones de las que sería deseable.
Volviendo al Hermano Patrick Négrier, más impresión me produjo la simplicidad y transparencia con las que aborda una pregunta crucial, y cuya respuesta nítida, límpida, he intentado hacer mía y que ahora quiero con vosotros compartir.
Cuando me cuestiono mediante qué medios complementarios a la masonería pueden permitirme progresar sobre el camino iniciático, me propongo a hacer las siguientes consideraciones con la máxima simplicidad de la que soy capaz de expresar y sentir sinceramente, y que tal vez a más de uno puedan sorprender: un masón puede ayudarse del conjunto de la cultura mundial (filosófica, literaria o espiritual) para completar su formación masónica. Pero no es indispensable ya que el método masónico contiene el mínimo útil para el desarrollo psico-moral de todo ser humano. Es suficiente practicar honesta y atentamente los medios propuestos por la masonería; y es por tanto inútil buscar fuera de la masonería instrumentos de perfeccionamiento que ella misma esconde y propone.

Todo masón o masona debería reconstituir en su propia casa una pequeña cámara de reflexión y estar en ella al menos un cuarto de hora al día cada mañana
a) Mirando una imagen como una reproducción de una pintura de “Vanités” (Vanidades), género pictórico simbólico de gran auge en el siglo XVII que abordaba las temáticas de la muerte y la fragilidad y lo efímero de los bienes terrestres y del placer, nos recordará la proximidad de la muerte y la relatividad que debe darse al apego material. Asimismo, mirando el reloj de arena, tomaremos consciencia del tiempo de vida que nos queda por vivir.
b) Acto seguido, mirándonos en un espejo con el objetivo únicamente de recordar cada día una nueva sección de nuestro pasado significativo que creíamos olvidado, para así intentar comprender las diversas causas a fin de reparar en el futuro las malas acciones del pasado
c) Y rememorando nuestras preguntas de Orden el día de nuestra Recepción (testamento filosófico para algunos) con la finalidad de operar pasado el tiempo las correcciones y complementos correspondientes a nuestras recientes y nuevas tomas de consciencia.

Durante el día, el masón debería practicar el silencio de la boca evitando las palabras inútiles, y buscar el silencio exterior para así contemplar y observar los fenómenos que nos envuelven en vista a comprenderlos.
Debiéramos también cada día practicar en las diversas circunstancias de la vida los cinco sentidos buscando, como si estuviéramos a punto de redactar de nuevo nuestras “impresiones de iniciación”, a tomar consciencia de lo que sentimos exactamente, y a encontrar las palabras más justas para plasmarlo.

Por la noche, en Logia, los masones deberían hacer alternar las planchas de investigaciones sobre cultura masónica con las planchas donde el masón exponga a sus Hermanos y Hermanas la etapa en la cual se encuentra personalmente acerca de sus cuestionamientos y de sus convicciones, preocupándose en armonizar sus actos con sus convicciones. Es ahí donde en el intercambio y aportaciones, todos y cada uno de nosotros deberíamos hacer correcto uso de la Palabra, esa afirmación creadora de nuestra realidad que la hace existir desde su estado potencial.
En múltiples ocasiones se ha hablado en mi Logia del porqué del uso de la Palabra de los Aprendices. En mil y una ocasiones muchos hermanos hemos mostrado y demostrado masonológicamente lo inútil de su ausencia y lo históricamente infundado acerca de su prohibición. Como bien apuntaba en un bello trabajo titulado “La Misión del Rito Moderno” el Q.•. H.•. José Coelho da Silva, miembro del Supremo Consejo del Rito Moderno de Brasil y Gran Maestro del Gran Oriente del Estado de Rio de Janeiro durante el periodo 1991-95, una de las característica propias del Rito Francés es que en sus Templos, durante los trabajos, los Hermanos Aprendices pueden hacer uso de la palabra. Y deben hacerlo para ejercitar el poder y la destreza de la misma. Entienden que el Aprendiz Masón debe aprender a hablar y se le aconseja, incluso, practicar ejercicios de lectura diaria, en voz alta, perfeccionando el conocimiento y la pronunciación, con fragmentos de buenas Obras asumiendo al mismo tiempo, el compromiso de hablar en Logia para adquirir una desinhibición, preparando trabajos escritos y lanzándose, después, a la improvisación, en búsqueda de interpretaciones rápidas y manifestaciones precisas. El Masón tiene un potencial oculto que sin duda proyectará al exterior, a la sociedad de una u otra manera por su cualidad. Por tanto su palabra esclarecida, debe ser siempre escuchada y comprendida correctamente siempre que un mensaje, una opinión o un punto de vista puedan ser útiles o necesarios.

En lo concerniente a las investigaciones de historia masónica, deberían incluir el estudio del Rito de los Antiguos deberes (1390-1729) y el estudio de los textos fundadores del rito del Mot de Maçon (1637-1751) así como las Constituciones de Anderson y Désaguliers de 1723.
En cuanto a la interpretación de los símbolos masónicos, ésta debería en primer lugar fundarse sobre el estado del rito especulativo que era el de su forma primitiva del Mot de Maçon, sin aditamentos ni invenciones a posteriori y fuera de lugar.
A partir de aquí, es del todo aconsejable estudiar e investigar lo más profundamente posible, hasta el más mínimo detalle a poder ser, la evolución de los rituales hasta nuestros días, tomando verdadera consciencia de lo que fue, es, y aquello que no lo es tanto, así como conocer y reflexionar sus bases fundamentales y estructuras simbólicas, mensajes éticos y filosóficos; el cómo cuando, donde y por qué de su creación y de sus mutaciones, el reconocimiento de lo genuino y de lo añadido por modas o condicionantes socio-culturales. Debemos impregnarnos de esa búsqueda por el conocimiento e ir al encuentro de la verdad, de nuestro legado, de nuestra historia y asumir nuestra responsabilidad sin miedo alguno a lo que descubramos.

Después, las tenidas deberían estar acompañadas de una audición de música (tema ya propuesto en las Constituciones de 1723 con los cantos masónicos).
Finalmente tras cada Tenida, lo ideal sería que siempre hubiera un ágape fraternal ritualizado de manera escrupulosa conforme al estado primitivo de los ágapes masónicos, que bien podemos encontrar ya detallados y descritos en l’Ordre des Franc-maçons trahi de l’abbé Pérau de 1745. Hemos ido vaciando ese estado vivencial que va más allá de lo cognoscitivo, renunciando a otras vías perceptivas que en absoluto se contraponen, sino que se complementan con lo racional y lo analítico, incluso en lo convivencial.

Hasta aquí esta exposición que aún con el humilde deseo de poder ser de utilidad reflexiva para todos, ha sido realizada pensando muy especialmente en nuestros nuevos Hermanos Aprendices, alentándolos a protegerse de la “vanidad” que puede aparecérsenos de múltiples formas y manifestaciones, camuflada, deviniendo nuestro quehacer masónico en un juego grotesco de contradicciones mil, si no descabezamos ese monstruo ignorante que frena realmente el avance humano tanto en el plano individual como en el colectivo, fuente de disensos permanentes y llave de acceso a lo retrógrado, aunque esté sutilmente manifestado.

Este análisis me ha aportado un grato aprendizaje y, por tanto, tengo ya un salario de antemano, permitiéndome sugerir la frase de Quintiliano que me repito con frecuencia:
Nunquam vera species ab utilitate dividitur: la verdadera belleza nunca va separada de la utilidad.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9, 33º
Miembro de Honor del Grande Oriente Lusitano
Miembro de Honor del Gran Oriente Nacional Colombiano
Miembro de Honor de la Gran Logia Tradicional del Paraguay