26 d’abril 2009

Por qué practicar el Rito Francés Moderno

En su artículo publicado con este título (RFM en “Círculo Lectura y Conocimiento”, reedición 2007), el H.•. Louis Negrel va más allá de la aparentemente obvia pregunta: por qué “practicar” la francmasonería. Digo aparentemente porque su obviedad, por desgracia, puede verse sumida en la más profunda de las amnesias, y la venda caída levitar “mágicamente” a su lugar pre-iniciático inicial. Pero este tema es otro bien distinto que merece una y miles de reflexiones para realizar en otra ocasión y contexto, aunque tal vez irresoluble.
Negrel propone una reflexión en otro plano cualitativo, cuyas conclusiones tras sus ejemplos “nutricionistas” comparto en su práctica totalidad y que modestamente intentaré transcribir en lo posible.

La utilización, frecuentemente balbuceante, del lenguaje simbólico, la práctica de un Rito, y la referencia constante a los conceptos de Orden, Tradición e Iniciación, suelen marcarnos profundamente con el paso de los años.

El paso inducido por estas prácticas y estos conceptos nos conduce a buscar los itinerarios más adecuados a nosotros mismos, aquellos que permiten reducir sin cesar, hasta su desaparición, la diferencia existente al principio entre las prácticas rituales y nuestra vivencia.

Estos itinerarios, balizados por nuestros diferentes Ritos, constituyen otras tantas vías convergentes al Centro. Estas diversas vías permiten a cada buscador, después de un tiempo más o menos largo, elegir su camino.

Esta elección es de una importancia primordial, ya que de ella dependerá nuestro equilibrio, primer paso hacia nuestra Realización. La elección juiciosa del Rito participa de nuestro equilibrio espiritual, del mismo modo que una sana alimentación participa de nuestro equilibrio físico.

Nuestra elección en este último caso se muestra evidente sobre productos naturales, lentamente madurados al Sol, ante otros dudosos híbridos, cultivados con luz artificial altamente enriquecidos con productos químicos, frutos de investigaciones de algún agrónomo con malas innovaciones.

El jardín masónico es pródigo en productos sanos y naturales, cultivados desde numerosas generaciones por jardineros cuidadosos tanto en evitar su desnaturalización como su degeneración. A nosotros nos incumbe elegirlos libremente.

Si nuestro apetito es grande podremos consumir diversos, evitando tal vez así el riesgo de las carencias, aunque sin abusar de las mezclas intempestivas generadoras de confusiones.

Entre los productos del jardín salidos de plantas vigorosas y no habiendo sufrido hibridaciones por azar, situaría el Rito Francés Moderno.

No es suficiente con que un producto sea de buena cepa o ganadería, es necesario que también le convenga al consumidor, donde radica el gusto y por tanto la subjetividad. Bajo mi punto de vista, Tres características del RFM hacen de éste un producto a mi gusto, y justifican por sí mismas su práctica: su Sobriedad, su Rigor y su Coherencia.

La Sobriedad: el Rito evita los discursos didácticos largos que fuerzan al masón a ingerir la explicación ya hecha de tal frase del ritual o tal símbolo. El corpus Iniciático de cada grado está puesto a disposición de cada hermano quien queda libre en su reflexión. Un ejemplo de ello son los concisos comentarios que siguen a cada viaje en las recepciones de los distintos Grados.
Esta sobriedad permite, entre otras cosas, aprehender la riqueza del Rito puesto que empuja a la búsqueda, y no permite aposentarse bajo conceptos ya dados.

El Rigor: en la forma, elemento indispensable para realizar la puesta “en el Orden” de los Hermanos, quienes deben, para que la Logia sea, cambiar de espacio-tiempo pasando a través del “agujero negro” de la Apertura de los Trabajos.
Este rigor se explicita en cada acto del Masón en Logia. La repetición por tres veces de cada anuncio ritma y regulariza el desarrollo de los Trabajos, evita toda prisa, y por tanto contribuye a “vencer nuestras pasiones y someter nuestras voluntades”.
La lectura tras la apertura en cada grado de las instrucciones por preguntas y respuestas, precediendo aquellas del grado al que está consagrado el orden del día, permite situarse con respecto a ese grado. Estas aperturas e instrucciones sucesivas aseguran sin hiato el ascenso al Templo; colaboran para poner al Masón en el estado conveniente para el Trabajo, y no son por ello sentidas como “alargamientos”.
Hay que decir también, que los HH.•. se consideran totalmente implicados y no viven estas frases del ritual como una concesión a los buenos usos. La honestidad que debe presidir todos nuestros actos debería, si este fuera el caso, llevarnos a abandonar la práctica del Rito antes que dar a través de nuestras actitudes una imagen perjudicial para su buena conservación

La Coherencia: El conflicto generado por la presencia simultanea de elementos contradictorios solo puede engendrar el desorden. Es importante por tanto, que en el primer lugar para nuestro avance en la Realización presida la práctica de un Rito coherente. No se trata aquí de razonar por comparación o de procesar cualquier forma ritual sea la que sea; tan sólo hacer notar algunos puntos simples que marcan la coherencia del progreso en el Rito Francés Moderno.
Las instrucciones del Primer Grado excluyen todo comentario sobre los utensilios haciendo de este Grado lo que no debería dejar de ser: un tiempo de inventario interior, de meditación y preparación.
Las instrucciones del Grado de Compañero restituyen a éste el lugar eminente que le corresponde como tal, consagrándole a lo esencial: el Conocimiento de la letra G y la contemplación de la Estrella Flamígera.


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro de la Academia Internacional de la Vª Orden - UMURM
Miembro de la Logia de Investigación "Los Modernos" - GLMAE

20 d’abril 2009

Características Propias

Continuando con el análisis de la deliciosa obra dedicada al Rito Francés reeditada en 2007 por el “Círculo Lectura y Conocimiento” y a la que nos habíamos referido en el anterior artículo, he encontrado interesante plasmar algunas opiniones extraídas del capítulo dedicado a las “Características propias” de nuestro Rito, en particular las firmadas por los Hermanos Jöel Ledoucen y Louis Negrel.

Ledoucen nos expresa que las razones precisas de la creación del Rito Francés Moderno no son exactamente conocidas. Ya bien sea por voluntad política, orgullo nacional o búsqueda de una lógica iniciática, la forma (plasmada en 1783) aprobada en 1786 tuvo el mérito de querer reagrupar lo que estaba disperso, de unificar una Tradición Iniciática que tenía tendencia a descarriarse en los laberintos de la fantasía incluso del charlatanismo. Por desgracia, el Rito Francés, a pesar de todo su valor, tuvo un futuro complicado. Fue atacado por los partidarios de Todos los sistemas donde los grados son más numerosos y las denominaciones más brillantes.

Respeto, Rigor, Búsqueda

La lectura del ritual de Aprendiz evidencian estas tres nociones. En él aparecen las originales Luces Iniciáticas, el Sol, la Luna y el Maestro de la Logia, que fueron en otros sustituidas por la escuadra, el compás y el libro de las constituciones. Pero había que desembarazarse del Rito Solar. Cuando el cientifismo tiene fuerza de ley, los aromas de incienso toman olores de azufre para algunos.

El Rigor reside también en la voluntad de esfuerzo en el progreso iniciático. Son numerosos los HH.•. que se han alzado contra la profusión de grados. El más célebre de todos fue sin duda el H.•. Ragon que solo admitía como verdadera masonería aquella configurada en 3 grados. Esta tendencia dura implica en efecto que el 3er Grado, la Maestría, no debe ser necesariamente atribuida a todo el mundo . Vemos en el Rito Francés Moderno una preocupación por mantener el rigor mediante un número limitado de grados. Hay que precisar al respecto que los 3 primeros Grados han constituido siempre una clase bien definida que pueden ser un fin y resultado en sí misma.

La búsqueda es exaltada en este Rito nítidamente. La práctica constante en el estudio hace que la figuración del Templo esté abierta tanto a la Persona como a la Sociedad, a la concepción espiritual del orden cósmico como a la edificación cotidiana de la vida. Su Tradición no es solamente la relación entre el cielo y la tierra, sino aún más, la edificación de la persona como de la comunidad, la vida material como la espiritual, la razón como la intuición.

12 d’abril 2009

La Llave de la Logia

Con ocasión de la conmemoración del Bicentenario del Rito Francés, en cuanto a su codificación/clasificación reguladora, vio la luz hace años una pequeña obra compilatoria de artículos firmados por ilustres plumas para tal ocasión titulada “El Rito Francés Moderno” en la que se hacía desde diversas perspectivas históricas y simbólicas una interesante muestra expositiva sobre diversas generalidades del Rito Francés, muy particularmente en su versión tradicional, tal vez la menos conocida y divulgada entre todas.
Este libro reeditado en 2007 por el “Círculo Lectura y Conocimiento” llegó a mis manos gracias al Q.•. H.•. Víctor Guerra, prestigioso historiador y activo potenciador del Rito Francés mediante sus diversos trabajos de divulgación, investigación, referente pedagógico para muchos de nosotros, practicantes de un Rito que ha sufrido, ya sea de forma intencionada o simplemente por desconocimiento, diversas mutaciones en su práctica que, en ocasiones, aparecen desviadas de la tradición de los “Modernos”, como su nombre indica.
Dentro de este ámbito de labor de re-conocimiento, restauración e investigación (llevado a cabo desde la década de los 60 y muy potenciado en los 90 en Francia) llegan hoy ante nosotros (con cierto desfase) renovados y sinceros deseos de aprovechar dichos trabajos y seguir las pistas de conocimiento dejados por estos Hermanos dentro de nuestro escaso marco documental y de tradición de intercambio en nuestros Orientes.
De la obra arriba citada quiero dedicar este post a un interesante elemento simbólico propio al Rito Francés Moderno (particularmente en sus versiones tradicionales), “La Llave de la Logia”, en una primera aproximación introductoria firmada por el H.•. Jean-Yves Thiant en un artículo publicado con el nº4 de la serie 82-83 de la “Unión Masónica”, e inserida en este trabajo editorial que procuraremos desarrollar más ampliamente en otros artículos.

Pocos Ritos Masónicos en nuestros días hacen todavía alusión a la Llave de la Logia. El Rito Francés Moderno se encuentra entre estos. Ciertamente la alusión es discreta, pero no es menos cierto que la Llave se pone en evidencia de forma muy clara desde el Primer Grado, puesto que ésta predetermina, de hecho, la apertura misma de los Trabajos.
La Llave se coloca como prevé el Ritual sobre una mesa entre los Vigilantes (concretamente cerca del Primer Vigilante). La mención formal de esta Llave forma parte en nuestros días de una de las particularidades del R. F. M. Pensamos que puede ser interesante ver lo que puede significar la presencia de la Llave de la Logia en nuestros Rituales.

¿Qué es una llave?

Parece útil, de entrada, definir lo que caracteriza habitualmente una llave en el sentido material, bien entendido.
Es un objeto, en general de talla modesta, que permite a través de una cerradura accionar un cerrojo, teniendo éste la función de prohibir o favorecer el acceso al espacio sobre el límite donde se halla.
Sin la llave, el cerrojo está irremediablemente inmóvil. Por extensión, la utilización de la llave da el poder de abrir o cerrar a aquel que la posea. Tomado en un sentido material, la llave de una Logia es por lo tanto el instrumento que permitirá abrir o cerrar la puerta del local en el que debe desarrollarse el Rito.

¿Qué es la Llave de una Logia?

Parece importante precisar seguidamente que entiendo por Logia, una Comunidad Iniciática reunida por un mismo Rito y alrededor de él.
Sabemos que el Rito, en sí mismo, no tiene necesariamente necesidad de un local puesto que él mismo define el espacio y el tiempo de su celebración, ¡el sólo vehículo del que verdaderamente se necesita somos nosotros! Y es esta estrecha interacción entre el Rito y nosotros mismos lo que hace la Logia.
Partiendo de aquí, estamos obligados a trasportar esta noción material de la Llave a una noción mucho más informal, en todo caso simbólica; la Llave de la Logia se convierte en otra cosa que un simple objeto, es un órgano ritual esencial que nos permite abrirnos a nosotros mismos, y nosotros a los otros, por la intermediación del Rito que es la Puerta.
Del mismo modo que decimos abrir o cerrar una puerta, decimos abrir o cerrar los Trabajos: si las palabras son las mismas, concebimos que se dirigen a dos niveles distintos de comprensión.

Primeras conclusiones

La Logia somos nosotros mismos, con y para los otros. La puerta de la Logia es el Rito. La Llave es lo que permite la celebración del Rito.

05 d’abril 2009

La "Chanson Maçonnique"

Ayer recibí un maravilloso regalo de un muy estimado y Querido Hermano. Un regalo muy especial por mi condición francmasónica y como músico.
Se trata de la obra de Bernard Muracciole, Barítono de la Ópera de París, titulada “Vous avez dit... Chansons Maçoniques” (1996, EDIMAF) , autor también de la publicación Chants Maçonniques des Hauts Grades (Editions Vega, 2008) y de las compilaciones CD's "275 ANS DE CHANTS MACONNIQUES" y "LES PLUS BEAUX CHANTS MACONNIQUES DE TOUS LES TEMPS" (EDIMAF).
Esta obra está compuesta por un pequeño libro referido a la forma concreta de Canción Masónica, tan en voga en los usos logiales del siglo XVIII hasta principios del XX (cayendo en desuso y olvido a medida que se impusieron los medios de reproducción como el gramófono y el magnetófono), sobrevolando con gracia su origen, el rol y el papel de Hermanos compositores, muchos de los cuales desarrollaron otro tipo más complejo compositivo sobre este tema en particular.
De entre la producción global de muchos Ilustres Hermanos músicos, un buen número de sus obras no catalogadas con este adjetivo calificativo, contienen sin duda elementos programáticos, simbólicos y conceptuales en los que los principios, simbólica y esencia de la Orden aparecen tanto estructural, armónica como formalmente, eso sí, no evidentes para aquellos intérpretes que desconocen los pormenores y características vitales de interacción que la francmasonería encierra.
Algunos intérpretes hemos indagado en este campo y, realmente, los hallazgos a nuestras investigaciones abren una nueva dimensión al hecho interpretativo en sí mismo y al mensaje que finalmente proyecta todo fenómeno musical aunque sea con otro tipo de lenguaje procedimental que escapa al meramente racional y que se hace latente mediante otro tipo de percepción sensorial. Basta analizar adecuadamente determinadas obras de Liszt, Mozart o Sibelius, por citar algunos, para abrir el interior del “cofre” y encontrar tesoros poco menos que desconocidos y sorprendentes.

Pero volvamos al tema de la Canción Masónica es sí misma, tal vez menos exigente desde un punto de vista estilístico, formal o interpretativo, pero cargada de la fuerza de esos cánticos que, como en las de otras cofradías de Compañeros, reforzaban sus lazos fraternos y emitían unos sencillos pero nítidos mensajes en sus letras.
La obra de Muracciole va acompañada de un CD grabado por el “Ensemble Instrumental et Vocal de la Muse Maçonne”. Este conjunto dirigido por Sylvain Meyniac, al frente de un equipo de investigadores y especialistas en música barroca intenta acercarnos a que imaginemos estos aires que normalmente nos han llegado como simples líneas melódicas. Su trabajo especializado en armonización, el uso de de instrumentos históricos de la época, han estado motivados no simplemente por la voluntad de recrear una reconstrucción histórico-musical o estética, sino por el deseo de hacernos llegar al público en general un panorama de aires poco o nunca grabados hasta el momento (muchos inéditos) buscando recrear la atmósfera propicia al placer, regocijo, al recogimiento, a la alegría y a la reflexión lo más fiel posible a la del XVIII.
Su obra nos aporta además las fuentes de las mismas, las letras de las canciones (cuyo análisis de por sí ya vale la pena ser estudiado paralelamente), así como una serie de partituras cuyo elemento temático vocal viene armonizado por un acompañamiento pianístico (o de tecla), fácil de convertir si llega la ocasión en una versión polifónica o de arreglo instrumental para pequeño grupo de cámara.
Una delicia, un “bocato di cardinale” para los amantes de la Columna de Armonía, los eruditos musicales e investigadores, los masones, y por qué no, el público en general.

Todos los que durante una Ceremonia masónica escuchan “en vivo” una Columna de Armonía, guardan un inolvidable y emocionante recuerdo (así como los HH.•. que alguna vez la hemos realizado como intérpretes, la recordamos con un matiz emocional y con una connotación muy especial que escapa a cualquier otra interpretación pública que hayamos ejecutado en cualquier otro foro convencional en concierto.
Dejamos pues para un posterior artículo, una continuación sobre el apasionante (y creo indisociable) tema de música y masonería, la Columna de Armonía y, como no, la propuesta de Muracciole sobre la “Chanson Maçonnique”.